
El caso es que precisamente andaba yo en estas elucubraciones u otras similares, dando un paseo por la senda del litoral, cuando escuché una vocecilla adolescente que venía de la playa, unos metros más abajo. Alguien entonaba una cancioncilla tonta. Eran las 7 de la mañana. Asomé la cabeza porque saber lo que hacen los demás cuando creen que yo no les estoy mirando es uno de los motores que impulsa mi vida y me sirve para componer mi particular teoría de la existencia. Era una jovencita que estaba agachada meando. La verdad es que aquello parecía un surtidor y sonaba como una vaca orinando. La chica cantaba. Casi me estaba poniendo cachondo. Cuando paró de mear se quedó ahí en cuclillas balanceándose levemente hacia los lados, canturreando. Concluí que estaba borracha. Me saqué la polla y comencé a meneármela. Se veía bien la zona exacta en que empieza ese valle marrón y oscuro que nos lleva al ano. De pronto se apartó el pelo de la cara y mi corazón dio un vuelco. ¡Mi niña pequeña estaba meando borracha en plena calle, como una perra! ¡Y tenía tetas y culo! ¡Y una valle marrón que lleva al ano! Después de superar la nausea inicial y guardarme la polla, le saqué unas fotos con el móvil mientras pensaba en qué tipo de educación estaba recibiendo y qué era lo que habíamos hecho mal. Me fui de allí, sigiloso como una serpiente y unas horas más tarde le envié la foto a mi ex con el siguiente mensaje de texto:
“Tu hija se comporta como una puta y voy a pedir su custodia. Mira la foto”
La respuesta no se hizo esperar.
“ Papá, tengo 21 años, meo donde me da la gana y me has enviado la foto a mí”
La hostia. Cómo pasa el tiempo y qué depistado soy.
1 comentario:
No entiendo como este post no tiene comentarios. Está der mamaso...
Andalú
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