domingo, 15 de noviembre de 2009

JAVI GUERRERO, PELUQUERO DE CABALLEROS

Por supuesto que en mi peluquería hablamos de fútbol, de política y de mujeres. Mi frase estrella es que el Sporting no necesita estrellas sino ser un equipo bien ensamblado, y al decirlo hago un expresivo gesto con los dedos de las manos encajando una en la otra; pero muchas veces las conversaciones derivan en temas que nadie andaba buscando pero que consigo introducir con sutiles vueltas de tuerca. Así, el otro día estuve hablando con un niño de 11 años sobre la posibilidad de la vida después de la muerte e incluso la negación de la última. ¿Qué cómo habíamos llegado a eso? Pues porque el periódico decía que el acelerador de partículas que iban a poner en funcionamiento en Suiza iba a crear un agujero negro que se iba a comer el mundo enterito en no se cuantos nonasegundos. El niño, que viajaba (esa misma semana en que se pondría en marcha el armatoste) a pasar unos días a Suiza, se puso a llorar un poco, al explicarle yo que él sería el primero en caer, pero luego se repuso demostrando una gran entereza y comenzó a preguntarme sobre la muerte y esas cosas. Yo intenté arreglar el susto que se había llevado explicándole una teoría rarísima pero que funcionaba como la maquinaria de un reloj en cuanto a lógica. Era algo así como “¿En qué se parece un caballo a un triángulo?” pero mucho más consistente, que nos llevaba a la inexistencia de la muerte y a una repetición eterna de las circunstancias, gracias a que el tiempo en realidad no existía porque un científico Somalí acababa de demostrar, entre otras cosas, que la teoría de la relatividad era falsa y que el tiempo es un concepto erróneo e inútil. El chaval pareció contento y mi teoría, que yo aseguraba sacada de una prestigiosa revista científica, no le prometía angelotes sin sexo ni infiernos ni limbos, sino un ciclo que se repite sin principio ni final, lo cual era bastante tranquilizador para él y turbador para mí. Por otro lado, un día, un cliente joven y otro entrado en años que esperaba su turno, después de leer en alto el último un titular del periódico sobre un turista arrestado por fotografiar niños desnudos en la playa, empezaron a marear la perdiz con lo de la pedofilia y toda esa mierda y yo, para desviar la conversación de tan feo asunto, decidí ir acércandola hacia otras depravaciones que por lo menos no eran delictivas porque no había víctimas, como la del sado- masoquismo y la coprofagia y todas esas cosas con golpes, heces y orina. El joven resulto ser como un bombón de los de Forrest Gump y saco un video de su móvil en el que unas tias muy buenas se cagaban en la boca mutuamente, y a todos nos sorprendió que estuvieran dispuestas a hacer semejantes porquerías con esos cuerpos y esa juventud que exhibían. El caso es que, llegado el momento, yo dije la arriesgada frase del millón, la del chiste que veréis si picáis en la imagen , y el cliente viejo dijo: “joder, como han cambiado las conversaciones de peluquería” y los tres nos descojonamos un rato. Claro, en el chiste es mucho más gracioso porque esta sacado de contexto y una frase como esa sin la cadena de ideas que llevaron a ella y expresada por un peluquero mientras trabaja en la cabeza de un cliente que no sabemos de que palo va, ya es graciosa de por sí. ¿Entendéis la dinámica del humor, o de mi humor? Las palabras clave son: FUERA DE CONTEXTO, INFORMACIÓN OMITIDA y PREVISIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE IDEAS DEL LECTOR. El chiste es una estocada al pensamiento lineal del lector, que, basándose en su experiencia y conocimientos, calcula una cadena de acontecimientos y asocia unas situaciones con unos comportamientos que son previsibles para él. La risa ante el chiste no es más que una demostración de sorpresa ante algo que no amenaza nuestra integridad física pero si la intelectual, porque nos obliga a volver a reconstruir la realidad que el cerebro había creado para nosotros. De ahí que el humor provoque en muchos casos enfados, denuncias y juicios morales hacia el que lo crea. Cuando alguien se lleva las manos a la cabeza ante un chiste que considera inmoral lo que está ocurriendo la mayoría de las veces es que la sorpresa ha provocado desconcierto en vez de risa, además de tocar algún tabú adherido al subconsciente del ofendido, que pierde la capacidad de razonar. Una prueba del poder turbador del humor y el factor sorpresa es que casi todos los que han leído mis páginas opinan que soy un autor escatológico. Os propongo una cosa, leed todos los números de los Sapos Ciegos y contad las groserías y contenidos sexualmente explícitos que encontréis. Os llevaréis una sorpresa. No ocupan ni la cuarta parte del contenido total publicado hasta ahora. Lo que ocurre es que la grosería y el sexo fuera de contexto tiene una bis cómica tan grande que nos hace olvidar todo lo demás.
CACACULOPEDOPIS sigue funcionando.
Y se me ha vuelto a ir la olla.
El café; le dije descafeinado, cojones; ese sucio camarero descerebrado y cejijunto al que le suda el bigote lo ha vuelto a hacer.

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL RECORRIDO DE LA PUNTA DE LA LENGUA AL PRONUNCIAR "MANOLITA"









El otro día me encontré estos dibujillos de cuando tenía 15 años y me acordé de Manolita, la profesora de música de 1º de BUP.
Emulando a Nabokov, os conmino a que examinéis el recorrido que tiene que hacer la punta de la lengua por el paladar, hasta llegar a los incisivos, para pronunciar el nombre: Ma-no-li-ta.(léase el primer párrafo de Lolita )
Manolita iba siempre muy mal conjuntada y pintada como una puerta de seis colores(ya sabéis, pantalones de cuadros verdes y rojos, jersey azul chillón de angora con chaqueta de flores amarillas y las botas siderales con estrellas doradas y los ojos en verde y la boca en rosa raro) y a pesar de ello, apetecía metérsela hasta la garganta, principalmente por su expresiva manera de mover todos los músculos de su rostro al hablar con su enorme boca de labios gruesos y porque tenía un culo y unas tetas cojonudos y una larga melena aniñada con un pasador de flores de plástico. Explico lo de los músculos faciales: Vocalizaba exageradamente y con cadencia musical, también había algo en su timbre de voz, un tanto gutural, que recordaba vagamente a un sordomudo que ha aprendido a hablar; por otro lado, parecía querer intercalar una sonrisa entre sílaba y sílaba (probad a hacerlo, es imposible), lo que convertía sus discursos en clase en espectáculos de paroxismo delirante que me ponían como un burro casi antes de pronunciar la primera sílaba, casi antes de cruzar la puerta del aula, casi antes de escuchar sus taconeo lejano al fondo del pasillo. Luego estaba aquel culo erguido en el que se podía servir un desayuno con te y bizcochos sin que las tazas temblaran. Y las tetas que parecían irreales debajo de aquella cabeza fantástica que hablaba de música barroca con la felicidad de un santo devoto. También le daba por la poesía. Joder. Perfecta. El sueño de cualquier adolescente, o por lo menos el mío: Darle por el culo a la profesora de música mientras esta recita a Góngora.
Hice esos retratos de sus compositores favoritos (y entonces los míos) para impresionarla y me puse colorado como un centollo cuando me rozó con su teta cubierta de jersey de angora en la mejilla, mientras exclamaba: “oh, ah, que bien dibujas, eres un chico muy sensible”, y yo intentaba recolocar mi polla amorcillada que ya no se ajustaba a la postura inicial.
Me gustaría poder terminar este retrato adolescente con un sucio relato de sexo y flujos al estilo de esas revistas que tienen las hojas pegadas; pero solo os diré que hace poco, paseando por la playa, reconocí su voz y su larga melena , ahora teñida, delante de mí, y no quise adelantarla para ver su cara.
Dejemos que las imágenes de la juventud se conserven como moscas en resina.

jueves, 12 de noviembre de 2009

nº 21

Seguro que todos los que sabéis que soy peluquero de caballeros os habéis preguntado alguna vez por qué no me inspiro en mi profesión, ¿qué es lo que ocurre en la peluquería de un payaso que se dedica a hacer chistes escatológicos en su tiempo libre? ¿habla de fútbol y política con sus señores clientes? ¿Se puede alguien divertir en una peluquería de caballeros?. Pues aquí está la respuesta, este número contiene historias reales como la vida misma, aderezadas algunas con mis pequeños excesos, pero con el mismo fondo.
Pero no nos engañemos, la vida real supera a la ficción aunque a veces la supera en tanto que hay que recortarla para hacerla creible. Las cosas mas extravagantes que han sucedido en mi vida laboral no han pasado la criba y las he tenido que guardar en un rinconcito de mi cerebro hasta que sepa que hacer con ellas. Picad en la imagen.

martes, 10 de noviembre de 2009

EL ODONTÓLOGO Y LAS BRAGAS DE MI NOVIA


Después de unos cuantos meses viéndola entrar en el portal y de hacer meticulosos planos y cálculos, mis compañeros de piso y yo decidimos que su habitación era la que daba a nuestro patio de luces y se veía desde la cocina. Todos habíamos sido testigos de cómo una sombra confusa de color carne se contoneaba lujuriosamente tras las cortinas. Creíamos ver incluso posturas imposibles y sexo solitario. También uno de nosotros (no voy a decir quien) había sido descubierto por los otros dos cascándosela a oscuras en la cocina mientras la sombra de tia buena se exhibía en su ventana. El mismo que descubrí metiéndose las bragas sucias de mi novia andaluza en la boca, pensando que estaba solo en casa (no me vio y no le dije nada). El único que no tenía pelo desde los 20 años y reconoció durante una borrachera (el pobre no solía beber), al preguntarle yo si había tocado alguna vez un coño con la nariz, que había visto una vez uno en una película, en el 86.
Pues esto si que no os lo vais a creer: el otro día y diez años después, lo vi hartándose de marisco en una sidrería ¡y acompañado de la puta de la ventana del patio de luces! Me acerqué a él y al saludarlo le dije al oído, muy bajito y arrastrando las eses, con mi mejor voz de serpiente:
¿Qué pasa Agustín, cómo sabían las bragas de mi novia?
¿Sabéis que me respondió el muy sinvergüenza? Dijo: “No sé de qué me hablas, ahora soy odontólogo” y emitió una risilla nerviosa, con su corbatita y su traje a medida, que me provocó unas intensas ganas de reventarle la botella de vino en la boca.
¡Qué hijo de puta! ¡odontólogo y casado con la guarra de la ventana!¡y se metió las bragas de mi novia en la boca!
AGUSTÍN PARENTE SANTOLARIA, PUTO COMEBRAGAS DE MIERDA, TE VOY A ROCIAR LA CLÍNICA DEL PASEO BEGOÑA CON GASOLINA CUANDO ESTÉS DENTRO Y LE VOY A PRENDER FUEGO A TODO.
Picad en la imagen, no tiene mucha relación pero sale una ventana. Ya me he vuelto a cabrear, recórcholis.

lunes, 9 de noviembre de 2009

BRAHMS Y PEPIN





Este disco de Haydn lo encontré en el rastro, con su oropel avejentado que lo hace más atractivo. Suena de puta pena pero da gusto tenerlo en las manos. También tengo ese otro de Brahms que PPin de Muñalén (famosos él y su flauta en el mundo entero) reconocerá al instante, ya que, cuando vivíamos en el cuarto de los valles (hace quince o mil años), subía a mi casa y lo ponía compulsivamente, vuelta y vuelta, mientras los demás nos emborrachábamos, también compulsivamente, vuelta y vuelta. Era digno de ver como mantenía cierto porte aristocrático mientras escuchaba la música, ajeno a la verbena alcohólica que se desarrollaba a su alrededor. En la cocina de mi casa de Navelgas había: dos huevos fritos flotando desde hacía meses en el aceite de la sartén; unos zapatos de charol pegados al techo con pegamento ; una botella de agua y un vaso y una cajetilla con dos cigarros asomando y una caja de cerillas pegados al techo con pegamento; un condón lleno de sanex pegado al techo con pegamento; dibujos pintados con ceras MANLEY en los azulejos de las paredes por las visitas que se emborrachaban en mi casa. Dos gatos vivos y una jineta disecada con un puro en la boca y una muñeca entre las piernas, colillas, restos de comida y botellas y vasos de vino con moscas encima de la mesa. En el fregadero: platos y vasos con comida fosilizada; en las sillas uno o dos amigos beodos. Esto acurrio durante un invierno largo de delirio alcohólico en que mi casita de pueblo ejercía un magnetismo sobrenatural sobre algunos borrachos y frikis de Navelgas, Gijón y parte del extranjero. Un invierno intenso. Tanto es así que me cuesta creer que ahora me esté poniendo nervioso ese único tenedor sucio en el fregadero y un libro que asoma un poco más que los demás en la estantería (además, tiene el lomo de color tierra siena tostada mientras que los demás son tierra siena natural).
Pues eso, Ppin se reconcentraba en la música como si estuviera asistiendo a una velada de música de cámara en la mansión de la condesa y me hacía pensar : “joder, que poca solidaridad tiene este chaval, en vez de estar eructando, tirando pedos y riéndose como un subnormal con nosotros se dedica a tocarnos los cojones con Brahms”. Se la dedico:




viernes, 6 de noviembre de 2009

Y NÚMERO 20


En este número hay mucho autobús porque en los autobuses ocurren cosas espantosas y cosas divertidas y costumbrismo anodino y surrealismo fantástico y conversaciones de ascensor y confesiones íntimas y a veces una chica se queja a su novio a través del móvil de que ella plancha y él no, delante de tus narices, y cuando cuelga te mira y sacude la cabeza buscando complicidad, como si a ti te importara una mierda, teniendo en cuenta que no te compras camisas para no tener que plancharlas; y otras veces una señora quiere que sufras con ella el mal tiempo que no acompaña a la estación.
Pero no nos quejemos de vicio: a veces una joven espectacular roza su rodilla de manera poco natural con la tuya al sentarse al lado y luego no solo no la quita, sino que abre las piernas como si tuviera en medio los cojones de un burro; y su muslo se aprieta contra el tuyo mientras hace como que revisa los test de autoescuela, mordisqueándose el labio inferior con los dientes superiores, convirtiendo el viaje en un amago de sexo inocente y sin resolver, como aquellos tímidos acercamientos con tu compañera de pupitre.
Y no, no le vas a decir ni mu. PICAD EN LA IMAGEN

martes, 3 de noviembre de 2009

EN TIEMPO INVERNAL DAN GANAS DE CHUPARSE LA POLLA A UNO MISMO.

No creáis que es una afirmación baladí. Pensad en un soltero entrado en años y feo como un demonio, sin nadie que le felicite cuando hace bien los espaguetis o cuando ha puesto la lavadora el solito y ha planchado su propia camisa. ¿De qué sirve cocinar bien o planchar o ducharse todos los meses si no tienes a nadie que te felicite por ello? Es como lavarse los dientes. ¿Qué sentido tiene hacerlo si nadie va a meter la lengua en tu boca? Y ya no digo nada de frotarse el glande y el ojete con la esponja; ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene limpiar algo que nadie va a tener que chupar? Así que, llegado el invierno, lo que hace nuestro amigo imaginario, feo y solitario, es mirar como los copos caen lánguidamente sobre la ciudad y pensar que no hay ninguna razón para ducharse ni para hacer la comida ni para cambiarse de calzoncillos ni para vivir, porque nadie se la va a chupar nunca. Pero el instinto de supervivencia pone una nueva meta ante él, un reto imposible, una motivación chiripitifláutica que vuelve a darle sentido a su vida: Tiene que chuparse la polla a sí mismo; pero para eso la polla ha de estar limpia, y para ello tendrá que ducharse, lo cual le obligará a cambiarse de ropa y poner una lavadora nueva y después le entrará hambre y tendrá que prepararse una buena comida. Y así, nuestro amigo habrá encontrado una nueva razón para vivir. ¿Quién sabe? A lo mejor alguien lo graba desde el piso de enfrente y lo cuelga en youtoube y se convierte en una atracción de Internet y todo el mundo lo reconoce por la calle y le quieren dar un par de besos y sacarse una foto con él. ¿Quién no querría tener entre sus amistades a alguien que sabe chuparse la polla? ¿Quién no querría por amigo a alguien tan glamuroso?
Ustedes perdonen, algo tenía que escribir para ilustrar el chiste y tengo gripe y fiebre con alucinaciones nocturnas. Pueden no reírse si quieren. Pueden vomitar. Picad en la imagen, son dos páginas.
Mientras, voy a ver si me llego a la polla con mi boquita, aunque no nieve todavía. Y si eres mujer y quieres impedir que me destroce los riñones y la espalda, entra en comentarios y pon tu teléfono(¡Está limpia!). Tienes 30 segundos desde ahora mismo. 1, 2, 3, 4…(ay)

domingo, 1 de noviembre de 2009

RECOGIENDO SETAS EN NAVELGAS

ESTOY RECOGIENDO SETAS EN NAVELGAS, La de la foto tiene toda la pinta de contener enanitos, que dios me perdone. Tenemos guias y habrá menús de degustación. Para saber más:
museo del bosque, o picad en la imagen

viernes, 30 de octubre de 2009

UN ESPASA POR EL CULO.

Cuando mi amigo Pablo ganó un concurso de relatos se le fue la olla. Repentinamente añadió sinónimos rebuscados a su conversación y sus gestos se amaneraron; se compró una gafas de pasta que no pegaban con las venillas rojas que decoraban sus mejillas; aprendió a mirar intensamente y comenzó a opinar en alto sobre todas las cosas, más allá del bien y del mal, y a comportarse, en general, como si tuviera un tenedor metido en el culo. Pero a mí no me engañas amigo, he visto tu colección de Harry Dickson y te vamos a meter un diccionario espasa por el culo.

jueves, 29 de octubre de 2009

EL MUSEO VAQUEIRO, EL ESQUIZOFRÉNICO DEMENTE Y SU ANCIANA MADRE
















Estos son los bocetos que realicé hace 10 años para el museo vaqueiro de Asturias. Fue un encargo que me hicieron aunque después se olvidaron de considerar la posibilidad de pagarme. De aquella vivía de alquiler en un edificio viejo de 3 plantas, yo ocupaba el bajo derecha y al entrar allí todos los días se podía oler a todas las personas que se murieron o vivieron en él porque no corría una gota de aire. Había un rincón que a veces olía a orina y yo estaba convencido de que era el alma de un muerto que se manifestaba de esa manera. Solo había una ventana que daba a la calle en lo que supongo que algún día fue el salón, no había pasillo y después seguía otra habitación y otra y después la cocina (triste, triste cocina). Luego estaba el baño, separado de la cocina por una cristalera traslúcida. Había en él una pequeña rejilla y a través de ella se veía la chabola del patio en la que vivía un esquizofrénico con su anciana madre. También había en el baño una pequeña uralita traslúcida en el techo que estaba sucia y la luz que proyectaba no le animaba a uno a lavarse.
Pues ahora os voy a contar lo que hacía el esquizofrénico, a parte de pegarle cachetes a su madre(se oían ruidos y lamentos como de psicópata golpeando a una mujer mayor ), también tenía la laboriosa costumbre de pintar compulsivamente todo lo que se encontraba en su propiedad. El suelo del patio, la chabola y hasta los cubos de fregar. Pero un día, su insensata avaricia de brocha gorda me afectó de una manera muy estúpida.
Teniendo en cuenta que la uralita traslúcida de mi baño daba a su patio, ya puedes adivinar lo que le ocurrió a ese pequeño foco de luz que me despertaba por las mañanas cual mudo canto de gallo. Eran las cuatro de la tarde y yo seguía en la cama revolviéndome, esperando que la luz entrara sucia y triste pero luz al fin y al cabo. La noche más larga. El caso es que solo tenía que levantarme y abrir la persiana del salón para descubrir el milagro de un nuevo día con sus señoras que van a la compra y sus bares abiertos, pero me costaba despegarme de las sabanas; había una botella llena de vino en el suelo y tabaco, así que tampoco había una necesidad urgente de salir de la cama. Descubrí la uralita pintada de negro a eso de las cinco de la tarde mientras orinaba mirando al techo en pagana plegaria, buscando la luz. El imbécil había decidido ampliar su territorio y entrar en el mío, cubriendo de pintura el único foco de luz que había en la casa y alargando tortuosamente la noche.
Bueno, otra vez se me ha ido la olla; yo a lo que iba es a lo complicado que es vivir de un trabajo como la ilustración o el diseño gráfico, ya que la persona o entidad que te lo encarga puede pensar que dibujar es algo lúdico que se hace siempre por placer (os puedo asegurar que a mí no me interesa especialmente dibujar vaqueiros de alzada o mineros empujando cajas(otro trabajo de supervivencia que sí cobre), y no sienten remordimientos de conciencia cuando les haces un trabajo y deciden no pagarlo.
A mí me parece que el vaqueirín había quedado resultón.