
-Perdone señorita- le dije a la cajera del super- no termino de entender a quien va dirigido ese cartel de la puerta, el de los perros
El cartel es ese que veis ahí arriba, y está en las puertas de los supermercados Alimerka.
La señorita cajera me miró como si yo fuera subnormal y me dijo que estaba prohibida la entrada a perros.
-Sí, pero dice que está prohibida la entrada incluso cuando vengan acompañados de sus dueños.
-Ya, es que hay gente que quiere entrar con los perros a hacer sus compras.
-Claro, claro. Pero si no vienen acompañados de sus dueños, tienen que saber leer para entender que no pueden entrar.
-No sé qué me quiere decir, hay gente esperando.
La cajera se estaba poniendo nerviosa y hacía gestos con las cejas a una compañera como si yo estuviera loco, lo cual me irritó aún más.
-Vaya, ¿qué pasa, que vas a llamar a seguridad?
-Eh…no…estoy trabajando, si no le importa
-¿Piensas que no he visto como movías las cejas en dirección a tu compañera?
Ahora sí se estaba poniendo nerviosa.
- Pero vamos a ver , ¿usted qué es lo que quiere?
- Solo quiero que alguien reconozca que ese cartel presupone que los perros van a intentar entrar solos al super y que la lectura del mismo les va a hacer recapacitar. Así mismo, les advierte de que el hecho de venir acompañados de un dueño no les da derecho a entrar-,dije
Alguien dijo que tenía prisa en voz bajita, quizás con algo de miedo, por ahí atrás, en la cola de la caja.
La señorita cajera siguió pasando los productos del siguiente cliente sin mirarme. Ahora sí que me estaba jodiendo.
-¿Qué pasa, que ahora me vas a ignorar? ¿es así como solucionáis los problemas en esta empresa? Yo solo intento hacerte ver que ese cartel de los perros ha sido creado por una persona semi-analfabeta o por un gran bromista. No me puedo creer que nadie se haya dado cuenta hasta ahora.- ni puto caso. Hay un rumor de nerviosismo pero nadie se atreve a abrir la boca.
- Quiero ver al encargado- digo.- No pienso dejar que la ignorancia campe a sus anchas por las puertas de los supermercados que frecuento. Los perros no saben leer y nadie me va a convencer de lo contrario.
Finalmente, viene una señorita muy amable vestida de otra manera y me explica que están esperando los carteles nuevos, que ya se han dado cuenta del error y que los van cambiar esa misma noche y que muchas gracias. Me voy, envanecido después de mi pequeña batalla ganada.
Pero esto sí que no os lo vais a creer: A la semana siguiente vuelvo por allí y ¿qué pensáis que hay pegado en la puerta? ¡El mismo cartel! No me lo puedo creer. Entro en el local rojo de ira.
- ¡¡Quiero ver a la encargada!!
Llaman a seguridad (¿seguridad en un puto super de barrio?). Ya en la puerta y antes de que esta se cierre a mi espalda, con los gorilas mirándome estupefactos, alcanzo a gritar
“¡¡Esto es un insulto a mi inteligencia, nos veremos en los tribunales!!”
El cartel es ese que veis ahí arriba, y está en las puertas de los supermercados Alimerka.
La señorita cajera me miró como si yo fuera subnormal y me dijo que estaba prohibida la entrada a perros.
-Sí, pero dice que está prohibida la entrada incluso cuando vengan acompañados de sus dueños.
-Ya, es que hay gente que quiere entrar con los perros a hacer sus compras.
-Claro, claro. Pero si no vienen acompañados de sus dueños, tienen que saber leer para entender que no pueden entrar.
-No sé qué me quiere decir, hay gente esperando.
La cajera se estaba poniendo nerviosa y hacía gestos con las cejas a una compañera como si yo estuviera loco, lo cual me irritó aún más.
-Vaya, ¿qué pasa, que vas a llamar a seguridad?
-Eh…no…estoy trabajando, si no le importa
-¿Piensas que no he visto como movías las cejas en dirección a tu compañera?
Ahora sí se estaba poniendo nerviosa.
- Pero vamos a ver , ¿usted qué es lo que quiere?
- Solo quiero que alguien reconozca que ese cartel presupone que los perros van a intentar entrar solos al super y que la lectura del mismo les va a hacer recapacitar. Así mismo, les advierte de que el hecho de venir acompañados de un dueño no les da derecho a entrar-,dije
Alguien dijo que tenía prisa en voz bajita, quizás con algo de miedo, por ahí atrás, en la cola de la caja.
La señorita cajera siguió pasando los productos del siguiente cliente sin mirarme. Ahora sí que me estaba jodiendo.
-¿Qué pasa, que ahora me vas a ignorar? ¿es así como solucionáis los problemas en esta empresa? Yo solo intento hacerte ver que ese cartel de los perros ha sido creado por una persona semi-analfabeta o por un gran bromista. No me puedo creer que nadie se haya dado cuenta hasta ahora.- ni puto caso. Hay un rumor de nerviosismo pero nadie se atreve a abrir la boca.
- Quiero ver al encargado- digo.- No pienso dejar que la ignorancia campe a sus anchas por las puertas de los supermercados que frecuento. Los perros no saben leer y nadie me va a convencer de lo contrario.
Finalmente, viene una señorita muy amable vestida de otra manera y me explica que están esperando los carteles nuevos, que ya se han dado cuenta del error y que los van cambiar esa misma noche y que muchas gracias. Me voy, envanecido después de mi pequeña batalla ganada.
Pero esto sí que no os lo vais a creer: A la semana siguiente vuelvo por allí y ¿qué pensáis que hay pegado en la puerta? ¡El mismo cartel! No me lo puedo creer. Entro en el local rojo de ira.
- ¡¡Quiero ver a la encargada!!
Llaman a seguridad (¿seguridad en un puto super de barrio?). Ya en la puerta y antes de que esta se cierre a mi espalda, con los gorilas mirándome estupefactos, alcanzo a gritar
“¡¡Esto es un insulto a mi inteligencia, nos veremos en los tribunales!!”