lunes, 3 de diciembre de 2012

¡¡WAW, WOW!!


A veces convenzo a mi Marisa para que se pase algunas horas muertas sentada conmigo en el parque. No creo que le guste hacerlo pero a veces ella me obliga a entrar en museos o ver a su familia y me jodo y me callo así que todos los meses tenemos una mañana de domingo para los museos (y o familia) y otra para el banco del parque. Algunas veces pasa un señor calvo con un perro viejo y feo y siempre se para delante de nosotros y dice “je je” y acaricia al perro y le dice monadas en alto esperando que nos sumemos al acicale del chucho y hablemos con él. Yo creo que ese perro le servía para hacer relaciones públicas en el parque quizás hace unos años, pero ahora tiene un aspecto agonizante y un caminar pesado y esas calvas enrojecidas y pelo descuidado y seguro que la gente solo quiere que el dueño no se acerque demasiado con esa cosa infecta. Otras veces pasa una mujer espectacular y yo voy y digo: “¡¡WOW!!”. Y Marisa me dice que al menos podría disimular cuando ella está delante y entonces yo espero a que pase una anciana y repito : “¡¡WOW!!”. A mi Marisa no le gusta que la tome por tonta así que a lo mejor pasa un grupo de marujas corriendo en chándal y va ella y dice: “¡¡WOW!!”.  Luego resulta que una racha de viento levanta un montón de hojas secas y voy yo y grito: “¡¡WOW!!”.
El pavo real extiende su cola: “¡¡WAW, WOW!!”, gritamos al unísono. Una ardilla se baja del árbol: “¡¡WOW!!”. Aquel  chico le mete la mano en la raja del culo a su novia al mismo tiempo que un perro se enzarza con otro: “¡¡WAW, WOW!!”. Los dueños de los perros, una señora gorda y una especie de yonki flacucho, discuten: “¡¡WOW!!”. El Yonki, después de mandar a la mierda a la señora, se acerca a nosotros y nos pregunta:
–¿Sabéis dónde está la farmacia de la playa?
–No sé, pero hay una de guardia en el paseo Begoña- dice mi Marisa.
–No, yo quiero saber dónde está la de la playa, es para ubicarme.
–Pues no tenemos ni puta idea de donde hay farmacias en la playa pero lo que sí sé es dónde hay una carnicería en mi pueblo, si te sirve para ubicarte, la lleva un señor muy gordo que tiene los nudillos peludos- intervengo.
Se me queda mirando como si tuviera un pulpo vivo en la cabeza metiéndome uno de sus tentáculos en la oreja. Se queda un rato muy largo e incómodo. Se va.
–¡¡WOW!!- decimos al unísono.
–¡¡WOW!!- chillan unas voces infantiles a nuestra espalda.
Nos damos la vuelta y vemos a unos niños correr muriéndose de risa.
Para que luego me diga mi Marisa que no merece más la pena el parque que el museo.
Nota: Este relato está inspirado en esa ilustración de Marisa y Mariano que me hizo Pedro el Koko Parrilla

2 comentarios:

Kenit Folio dijo...

Sí, en los parques hay muchas cosas.
Un saludo, Javi.

javiguerrero dijo...

Waw wow, Kenit