miércoles, 18 de febrero de 2015

El hombre más triste de este país.

El otro día me comentaban unos amigos que no sabían si eran imaginaciones suyas o la gente anda más triste por Gijón en el último o últimos dos años. Nos acordamos de “Ciudad vampira” de Nacho Vegas, la ciudad más triste de este país. Luego recordé a un tipo que, hace ocho o diez años, decía muy ufano y a viva voz en un bar, mientras se metía al coleto  jb con cocacola en vaso de sidra, que si no podía cambiar de coche cada cinco años, tomarse cinco cacharros por la noche y fumar un paquete de Winston todos los días, para qué vivir. Me imaginé a ese tipo tan escaso de inquietudes y tan orgulloso de su simpleza, sin trabajo ni sueldo alguno, seguramente el hombre más triste del país, caminando con desgracia por la avenida Schultz. Me imaginé que ese idiota pisaba una mierda y luego metía la suela en un charco para deshacerse de la plasta, de un color siena natural. Frotaba la suela contra el fondo del charco y luego se miraba los zapatos. Se le había quedado un trocito incrustado. Seguía frotando y no salía, la puta mierda. Me imaginé que se sentaba en un banco, ya resignado a llevar para siempre aquella mierda en el zapato, y ya se quedaba allí a esperar la muerte.

domingo, 15 de febrero de 2015

Carnaval

Pues que cojo y salgo a dar una vuelta por Gijón y me encuentro a un payaso de esos maléfico y le meto en toa la boca y tres manzanas mas pallá otro y codazo que le rompo la nariz y cada poco me aparece otro, ya no sé si payaso o qué coño pero con pelucón de colores y les meto patada en la cabeza y aluego unas putas de colores asín como enanas y camada de hostias a las tres que aluego me entero que eran unas niñas celebrando no sé lo cualo.
Y luego el que iba de gangster. A ese le invité a un vino. Qué hijo de puta, qué salaó con el traje y el sombrero y el bigotillo. Es que le hubiera comprao lo que me vendiera.

martes, 10 de febrero de 2015

Mundo bucle

Después de terminar un proyecto y publicarlo y venderlo por ahí con menos suerte que desgracia, una vez desinflado el ego y puestos los pies en la tierra; una vez comprobado que el cielo no ha cambiado de color y que la gente sigue con su vida a pesar de que haya un libro más en el mercado, unas letras ilustradas de uno más que se mira el ombligo; una vez pasados esos momentos de euforia y la espera estéril que viene detrás, digo, solo queda la sensación de que ahora toca morirse o esperar la muerte entretenido con algún pasatiempo vacuo, sin caer en la cuenta de que lo que acabas de dejar en depósito legal a lo mejor es el pasatiempo vacuo de otras personas que acaban de poner fin a otro proyecto y que matan la muerte lenta mientras esperan que otro meta motivo les lleve a sumergirse en una creación insensata o en un viaje regenerador o en el mundo bucle del encaje de bolillos. Entonces, un poco culpable por dejarme seducir por las ficciones ajenas, dibujo distraídamente una mesa en un papel y le pongo un niño debajo. El niño debajo de la mesa. Dos niños debajo de la mesa. Vamos a probar el pincel nuevo. Le hago unas manchitas muy graciosas a las patas de la mesa. Agoto la tinta del pincel dibujando un árbol; luego un payaso muerto con el pilot. Si supiera escribir poesías escribiría una para el payaso muerto. Me invento un Ron Soloz que se atreva a intentarlo. Me escribe veinte disparates y se los ilustro con esa seguridad que te da que el cliente sea inventado y no tenga pensado pagarte. Discutimos. Lo dejo solo en una carpeta, triste como su payaso muerto o como ese señor de gabardina que pasea tontuno por el bosque, sin nada por debajo. Dibujo al señor tontuno de la gabardina y pienso en qué poner en su camino para que no se aburra y que no parezca que anda esperando la muerte y se me ocurre que de alguna manera se podrá meter en el mismo paquete a los niños que acechan bajo la mesa, al payaso muerto, al poeta inventado, al hombre triste y , por qué no, a un perro muerto, y transformarlo todo en otro entretenimiento tontorrón para alguien que acaba de terminar un corto de animación, una cena para trece o una pared de ladrillos.

lunes, 9 de febrero de 2015

LOS QUÍMICOS DE LAS FARMACÉUTICAS SE LO PASAN EN GRANDE PONIÉNDOLES NOMBRE A LOS MEDICAMENTOS


—¿Cómo lo vas a llamar, al antiinflamatorio ese que sacaste ayer?
—Tenía pensado Fenaco, que da bastante asco.
—No te lo van a pasar los jefes, ponle algo delante.
—Diclofenaco.
—Ja, ja, ja, cagon la puta, estás como una maniega.
—¿Y ese que sacaste tú la semana pasada?
—¿El antiagregante?
—Sí.
—Destrombil.
—Qué soso eres.
—Tenía pensado Clopidogrel.
—Esa es buena, ja,ja. Llámalo así, que me meo de risa.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Las promociones de facebook las revisa un cuáquero

Pues que me dio por promocionar en facebook la entrada de este blog en la que vendo mis libros y parecía que estuviera anunciando putas.
Entonces cogí y les expliqué que pudiera ser que el revisor tuviera la mente algo enferma:

Como no obtuve respuesta satisfactoria, hice otra imagen para que cumpliera las normas y, asombrosamente y pese a que la imagen con trozos pixelados sugiere mucho más sexo que la misma sin ellos, esta si fue aprobada.

lunes, 2 de febrero de 2015

Errejón, el perro muerto, el hombre de la gabardina y la manera de llover.

Bastante razón tiene Errejón con no definirse de izquierdas ni, por supuesto, de derechas. Las dos etiquetas están tan manipuladas y tanta gente de tantas calañas se las ha adjudicado que resulta arriesgado atribuírselas uno mismo. Por otro lado, los dogmas de la izquierda pueden ser una trampa para el pensamiento creativo tan peligrosa como los de derecha. Pero no nos pongamos serios: ando mirando si ponerle polla al perro muerto que dibujé para mi foto de portada de facebook o no. ¿Qué os parece? Tetillas ya veis que no se puede, por si alguno me sugiere que sea hembra. Estoy pasando una mañana inquieta con el tema. Si tuviera polla, para que se viera que estaba, debería estar medio empalmado y, teniendo en cuenta que está muerto, no lo veo razonable. Por otro lado: ¿veis factible que el hombre del bosque se lo pase bien dejando que el viento le levante la gabardina y la hierba le haga cosquillas en el ano, teniendo en cuenta que se trata de un cuento infantil en el que van a aparecer una niña y un gatito? ¿Y esta manera de llover? ¿Os parece normal?

martes, 27 de enero de 2015

Laura (un ejercicio de estilo)



Hacía tiempo que sentía a Roberto ausente. Cuando ella le hablaba, él parecía desenfocar la mirada mientras asentía automáticamente y  pensó que de alguna manera quizá se estaba alejando o que quizá nunca había estado allí. Ya no recordaba cuándo fue la última vez que se rieron juntos, clavados lo ojos de uno en los del otro, iluminados de felicidad.
Apretó una vez más. Ahora sí, ahora la mierda se deslizaba por el ano compacta y suavemente. Contó los segundos que tardaba en salir la pieza. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro (¡CONTAD CONMIGO!), veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho, veintinueve (¡ESAS PALMAS!), ¡TREINTA, TREINTA Y UNO, TRIENTA Y DOS, JODER, TREINTA Y TRES!
 ¡WAAAAAA, TREINTA y TRES SEGUNDOS DE ZURULLO ININTERRUMPIDO!
Laura no se lo podía creer. Pensó que Roberto se iba a reír con ganas cuando le contara lo que había evacuado de su vientre. Un monstruo de un metro de largo enroscado como una serpiente. Decidió dejarlo y esperar a que volviera del trabajo para enseñárselo, todavía con la esperanza de que sus corazones volvieran a encontrarse.
—¡Qué pena! —pensó—, si lo hubiera sabido hubiera cagado en la moqueta.