lunes, 14 de abril de 2014

Cabeza sin boca.



Sr juez
Soy profesor de literatura y me encanta enseñar y mi bella esposa es ilustradora, no le falta trabajo y goza de reconocimiento internacional. Tengo dos hijas encantadoras que ríen todo el rato y un perro mimoso que lame al gato que a su vez lame al perro.  Me gusta pasear, ir al cine, leer todo lo que cae en mis manos y amar a mi familia. ¡Soy feliz! Sin embargo, esta mañana no pude soportar las amargas lágrimas de la más pequeña de mis hijas al responder yo afirmativamente a su pregunta de si ella se tendría que morir algún día. Se lo expliqué de mil maneras, la consolé, le dije que es un paso más hacia otro plano existencial y que yo lo espero con curiosidad y casi con deseo. No podía, la niña no podía dejar de llorar. Así que decidí descolgar la escopeta de caza y, después de escribir esta carta y siempre sin dejar de sonreír, me borré la sonrisa de un disparo delante de ella. Solo espero que mi niñita no le tema nunca más a la muerte y que algún día nos encontremos allá donde quiera que me haya ido. Dele usted un beso a las tres de mi parte y dígales a las niñas que papá las está observando todas las noches desde la cabecera de la cama con su cabeza sin boca.

jueves, 10 de abril de 2014

CERDA RETRASADA


Le pedí un café. Nunca hablo con la camarera de la cafetería de debajo de casa porque está muy buena y me gusta hacerme el misterioso y simular que apunto cosas importantes en mi moleskine. “Comprar alcachofa” escribo. “¡Pan multicereal, que no se me olvide!”, escribo, después de unos minutos de expresión reflexiva, barbilla sobre mano. Pero aquella mañana me sentía tontorrón y me dio por sonreír. Sonreía todo el rato con la mirada desenfocada apuntando a la máquina de café. Busqué la foto de un recién nacido en el móvil y lo miré un rato con la sonrisa estúpida.
 
—Venga, ponme un orujo, qué cojones, que ya soy papá —dije. 

 
—Vaya, qué bien, enhorabuena, a esta invita la casa —dijo—. ¡Qué guapo! —dijo, al enseñarle la foto.

 
—Sí, jamás se me ocurrió pensar que esa cerda retrasada fuera capaz de darme un hijo.

 
Al día siguiente hice una excursión a la siguiente manzana en busca de otro bar en el que tomar el café.

martes, 1 de abril de 2014

Impertinencio dixit: Podemos poder

Me conozco muy bien a mí mismo como para no saber que el homúnculo que me dirige se está partiendo el culo con la absurda teoría de que PODEMOS entre todos. El homúnculo sabe que todavía hay muchos españoles para los que el drama de esta crisis consiste en no poder cambiar de coche y su objetivo a largo plazo es poder cambiar de coche cada tres años, volver a  hacer funcionar la maquinaria que nos trajo hasta aquí. El homúnculo sabe que llevo desde que era niño asociando libertad con consumo y, pese a que llevo años reseteándome, a veces me  siento tan feliz y optimista que el homúnculo interviene. En realidad, cada vez que me compro cualquier prenda de más de 50 euros o un libro que no voy a leer me lo dice. Pero mis pequeñas vanidades no son nada. Hay por ahí quien quiere triunfar con mayúsculas. TRIUNFAR a costa de quien sea. Y quien quiere triunfar con minúsculas, ser un peón esclavo del “que me quede como estoy”. Y no son pocos.
—Oh, la Coca-cola ahora es el crimen organizado porque cierra una tienda al lado de tu casa —me dice el homúnculo— cuando lleva años siendo el Corleone de las bebidas refrescantes. No hay ni pizca de heroísmo en los cabreos de alguien que solo levanta el puño cuando tocan sus ahorros.
Qué cabrón, el homúnculo. Le voy a poner nombre: Impertinencio.
Ayer me lo decía también en ese evento de las primarias que organizaba PODEMOS en Gijón. “Fíjate, dicen que TODOS SABEMOS QUE NOS GOBIERNAN SINVERGÜENZAS Y QUEREMOS QUE LA COSA CAMBIE. Anda ya, tú conoces a 10 o 12 millones de personas que pasan de esto como de la mierda y que ni quieren cambios ni los necesitan. No los ves nunca, no sabes sus nombres ni tienes sus teléfonos, pero los conoces”.
La verdad es que tiene razón, el hijo de puta de Impertinencio. Pero no voy a ser yo el descreído que ponga zancadillas a la utopía. Lo he amordazado un rato y me quedo con que PODEMOS PODER.

sábado, 22 de marzo de 2014

MARIANO Y LAS FLORES DE BACH



Una amiga hechicera o cosa parecida  le regaló a mi Marisa un frasquito de flores de Bach personalizado para estabilizarme emocionalmente. Tenía que echarme unas gotitas debajo de la lengua cuatro veces al día y desde el primer momento noté su efecto, empezando por el pelo. Esos graciosos mechones que me dejé largos para cubrirme la calva y que siempre insistieron en intentar tocar el cielo, se posaron casi de inmediato sobre mi cabeza. Noté su tacto sedoso en el cuero cabelludo y unos instantes después me noté sensato, así que agarré un trapo de la cocina y puse todas las sillas al revés sobre la mesa. Limpié cuidadosamente las cuatro patas de cada una y observé que algunas tapas de fieltro se habían deteriorado o incluso ya no estaban. Bajé a la ferretería y me gasté 200 euros en fieltros de formas diversas de manera que nunca más me faltaran tapas para sillas y que cuando, dentro de 15 o 20 años, hubieran subido los precios, yo pudiera reírme del mundo, porque la sensatez que me había otorgado mi frasquito de flores de Bach me hacía ir diez pasos por delante.
El sofá y los butacones. Les di la vuelta y comprobé que no tenían fieltro. La cama. No, tampoco tenían fieltro. El escritorio de Marisa y mi mesa de hacer cosas sobre la mesa. Nada. Toda mi casa estaba sin fieltro protector. Los cuadros no tenían fieltro que protegiera la pared y el resto de muebles tampoco. Tumbé los armarios y desmonté los que se sujetaban con tornillos. Necesitaba fieltro en piezas grandes. Bajé a la ferretería. Allí estaba Marisa, comprando bombillas.
—¿No te habías dado cuenta de que no tenemos luz en el baño? —me dice.
—No, yo vengo a por fieltro para los muebles.
—¿Qué fieltro?
—Ayayay, que me parece que en casa hay alguien más que necesita flores de Bach. —dije, con retintín musical —¿Tiene 20 metros de fieltro?
En el ascensor, yo silbaba con sonrisa picarona. Qué contenta se iba a poner mi Marisa cuando viera todos los muebles patas arriba, esperando su fieltro.
—Deberías pedirle a tu amiga unas flores de Bach para ti. Son geniales—le dije, antes de abrir la puerta.

martes, 18 de marzo de 2014

Alguien debería meterle un tiro en la nuca a Pocoyo


—Pues que todo me parece absurdo, eso me pasa. Ya sabes que empieza pronto todo lo malo y no se puede hacer nada para pararlo. Está ahí. Lo noto en mis rodillas, en la armonía y precisión conque me muevo con el paso de los años. Ya no recuerdo los nombres de algunos de mis personajes preferidos o simplemente he decidido olvidarlos porque los desprecio. ¿Bob esponja? ¿Qué cojones pretenden, volvernos a todos subnormales? ¿Y a Pocoyo? Joder, alguien debería meterle un tiro en la nuca y acabar con sus penurias. Solo puedo hacer una alarde de prepotencia intentando mantener la mente y el cuerpo en mejor estado que los demás durante ¿diez años más? A la mierda. No se puede envejecer con dignidad. Te voy a pedir una cosa, mamá, y espero que no se te olvide, en cuanto veas que mi risa se vuelve falsa y enseño más los dientes de abajo que los de arriba al sonreír, ahógame con la almohada. Solo te pido eso y que no vuelvas a comprar Cola cao a sabiendas de que me gusta más el Nesquick.
—Vas a llegar tarde al cole —dijo mamá, con los ojos anegados en lágrimas.
—Claro que sí, el cole, sigue obviándome. El cole me duele ¿sabes? Siempre lo ha hecho. Es sórdido. Y deja de llorar, que yo no he nacido para que te sientas realizada como madre. ¡¡Méteme las putas galletas en la mochila, cojones!!

domingo, 16 de marzo de 2014

REBOTIJADOR

—Lo que no tengo muy claro es cuál fue su ocupación entre 1995 y 2010. ¿Qué es exactamente un rebotijador?
—Bueno, no sabía si incluirlo en el currículo. Es complicado de explicar. ¿Ha oído usted eso?
—¿Eh? ¿El qué?
—Como unos gritos.
—No...Entonces me dice que su trabajo de… —tragó saliva y frunció el ceño al releer la palabra en el currículo— rebotijador consistía en…
¿Y ahora?
—¿Qué?
—Son como unos gritos en algún idioma extraño. ¿No los oye?
—No, me parece que no.
Señalé con el dedo índice mi oído, dando a entender que esos gritos se estaban produciendo en ese mismo momento. Nos quedamos en suspenso unos segundos. Intentó decir algo pero le paré con la mano, agarrando su antebrazo.
—Ahora. ¿No los oye?
Buscó alguna cámara oculta a su alrededor.
—Rebotijador. —insistió.
—Preferiría no hablar de ello.
—Me guardo su currículo y en cuanto sepamos algo le llamamos.
Nos dimos la mano y cuando ya estaba a punto de cerrar la puerta detrás de mí me volví y le dije:
—¿Pero ustedes no pedían un rebotijador en su anuncio?
—Un diseñador gráfico.
—¿Y eso qué es?
No esperé la respuesta. Al pasar al lado de la recepcionista le hice un gesto con el dedo señalándole una mancha imaginaria en la comisura de los labios. Solo quería verla tocarse la boquita con el dedo. Qué bien lo hacía.
—En el otro lado…Ya está. Hasta luego.

martes, 11 de marzo de 2014

Entrevista de trabajo



—Me corté en el dedo ayer y echaba sangre como un aspersor por culpa del sintrom —dije, casi antes de sentarme.
—Vaya
—Y me llevaron al hospital con un torniquete y todo, pero no paraba de sangrar por lo del sintrom.
—Jo
—Al final consiguieron parar la hemorragia pero me mareé un poco y me puse amarillo y me tuvieron que tumbar en una camilla
—Vaya
—Mire que venda me pusieron.
—Ya.
—Pero ahora ya no estoy mareado ni nada.
—Claro
—Eso fue ayer.
—Veo que no has puesto en el currículo cuanto tiempo estuviste trabajando en la última cocina.
—No, en realidad estuve poco tiempo, no tenía que haberla puesto siquiera.
—…
—Y la cosa es que me parece que me apretaron mucho el vendaje
 —¿Qué tal te arreglas con los pescados y las salsas?
—Bien, si no me miran, bien, no me gusta cuando tienes la sensación de que los pescados te están mirando.
—¿Y eres rápido picando cebolla?
—Soy la hostia de rápido pero ayer me corté el dedo por querer ir demasiado rápido. En realidad no necesitaba cebolla picada pero a veces me pongo en casa a pelar y picar cebollas y no hay quien me pare. Me pongo unas gafas de buzo y una mascarilla y venga picar, 20 o 30 cebollas, y luego a la basura.
—¿Y por qué estuviste tan poco tiempo en la última cocina?
—Una tontería, No me gustaba mucho la iluminación que había y las ollas eran un poco viejas así que me abrí una botella de vino durante el servicio y me puse a comer ibérico a dos carrillos.
—Te echaron.
—Creo que sí. Bueno no. Me dijo el chef que si estaba bien de la cabeza y no me gustó eso que me dijo ¿sabe usted? No me gusta que nadie hable aleatoriamente de mi cordura.
—….
—¿Es usted el chef? —me atreví a preguntarle
—No, en realidad soy el propietario del restaurante.
—¿Trata usted con el público?
—Sí, ejerzo de jefe de sala.
—Pues espero que no le parezca mal lo que voy a decirle, pero si me va a contratar en su cocina quiero que empecemos con buen pie… ¿Es esperma eso que tiene en la comisura de los labios y el bigote? Porque debería limpiárselo antes de comenzar a recibir a los clientes?
Me dijo que ya me llamaría pero yo sabía que no. Además, si hubiera sido un poco listo me hubiera preguntado por qué tomaba sintrom y le hubiera dicho que estaba jubilado por infarto. Mañana me toca una entrevista para reparación de tejados y rehabilitación de edificios en general, me lo voy a pasar como los indios.