martes, 6 de marzo de 2012

UN TIPO GRANDE QUE NECESITABA ESPACIO VITAL



Aunque todo el mundo piensa que no tuve amigos la verdad es que si los tuve. Estaba Oscar y no recuerdo quién más. Teníamos 20 años o por ahí. Oscar era un tipo que necesitaba mucho espacio vital porque era  enorme y además hijo único y cuando nos encontrábamos para tomar un vino nos colocábamos a 6 o 7 metros de distancia y hablábamos así, a viva voz, de nuestras cosas. La cosa es que casi nunca nos contábamos intimidades porque a esa distancia y en ese tono todo el mundo se enteraría y por lo tanto nunca llegamos a conocernos demasiado bien. En realidad cada uno tenía formada una opinión sobre el otro en base a lo que compartíamos de esquina a esquina de la barra del bar, que eran frases carentes de contenido y opiniones poco comprometidas, destinadas a ser aprobadas por camareras, familias que cenan con sus niños, albañiles borrachos, comerciales borrachos, señores jubilados que toman el vino antes de irse a cenar, etc...
- ¡¡PUES ME ALEGRO DE QUE POR FIN VUELVA EL BUEN TIEMPO, AUNQUE LA LLUVIA TIENE UN CIERTO ENCANTO AL ABRIGO DEL CALOR DE LA BARRA DEL BAR!!-Dije yo un aciago día, extralimitándome y exponiendo quizás una opinión quizás demasiado personal.
-¡¡A MÍ DÉJAME DE POESÍA, QUE YO SOY UN CURRANTE!!- Zanjó él. Se ponía colorado si la conversación delataba algún tipo de sentimiento sobre algo, ya veis.
Entonces caí en la cuenta de que ahora todo el mundo se había enterado en el bar de que mi corazón albergaba sentimientos hacía la lluvia y me avergoncé y chillé, entre risas:
- ¡¡ES VERDAD, DONDE ESTÉ UNA BUENA PUTA QUE SE QUITE LA POESÍA!!.
¿Veis? Me faltaba inteligencia social. Todo el mundo , incluso el más imbécil, se había dado cuenta de lo impostado de mi afirmación, y mi amigo Oscar se azoró y miró para otro lado.
- ¡¡BUEN DÍA PARA EL PEZ PLÁTANO!!- Chillé, intentando arreglar las cosas. Había leído ese libro de Salinger hacía un mes y desde entonces reventaba de ganas de decir la frase en público. Buen día para el pez plátano ¿No es genial? Mi amigo Oscar, al que había conocido hacía dos semanas compartiendo nuestros conocimientos sobre la mejor manera de encender una cocina de leña, apuró el vaso y se fue y ya nunca lo volví a ver. Pero la frase del plátano surge desde entonces de lo más profundo de mis vísceras cuando alguna situación me altera de alguna manera. Cuando la señora de la cola del supermercado cuenta céntimos, por ejemplo.
Así que no penséis que nunca tuve amigos, porque , aunque ni siquiera mi Marisa se lo crea, tuve uno durante dos largas semanas. Un tipo grande que necesitaba mucho espacio vital.
En la imagen, página 1 de 4 sobre el espacio vital.

2 comentarios:

KENIT dijo...

Vital, el espacio vital.
Yo me imaginé muchas veces a esas gallinas que transportan enormes camiones..., y a los animales encerrados...
Somos unos hijos de puta.
Un abrazo.

javiguerrero dijo...

A las gallinas e las ve tan poco cariñosas que nunca me he preocupado por ellas.