viernes, 23 de marzo de 2012

LA CUCHARA DE LA RECEPCIONISTA DEL HOTEL DE ANDORRA


Cuando trabajaba de fregaplatos en un hotel de Andorra iba siempre hecho un cerdo sudado y salpicado de salsas y comida y al empezar a trabajar una recepcionista gallega de piel de melocotón y rubores en las mejillas que me hacían pensar en los de sus nalgas, comencé a seguirla con la mirada y añorar esa entrepierna que nunca sería mía. Estaréis pensando que no se puede añorar algo que no se ha visto ni poseído pero os equivocáis y no pienso perder el tiempo argumentando mi afirmación. El caso es que la chica tomaba siempre de postre yogurt de fresa y dejaba al lado de la pila de platos sucios del personal su envase vacío con la cuchara lamida, cuando terminaba su turno de almuerzo. Sí, lo habéis adivinado. No me leáis así, vosotros también lo haríais. Me metía su cuchara en la boca y pensaba en su saliva impregnando mi lengua, mezclada con el yogurt. Siempre procuraba que nadie me viera hacerlo pero un día ocurrió que la chica dio la vuelta para recuperar algo que se había olvidado en el comedor y me sorprendió lamiendo la cuchara. Pensaréis que la cuchara no tenía nada de especial que la identificara como la usada por ella pero sí tenía algo de especial mi manera de sacar toda la lengua cuan larga era y lamer con la punta la superficie del cubierto susceptible de  haber mantenido más contacto con la lengua de ella, como si de un clítoris se tratara. Se puso colorada como un centollo pero no sé si a causa de mi lascivia lamedora de cucharas o de adivinar que se trataba de la que ella había dejado allí minutos antes. De todas formas, ese día, al salir del trabajo, me emborraché como de costumbre para evitar pensar en cocinas, sudor y recepcionistas hermosas e inalcanzables. En el décimo bar había una camarera francamente repulsiva. No es que fuera poseedora de una fealdad achacable a ningún defecto en concreto, sino que tenía aspecto de haber sido concebida por una iguana y un ornitorrinco y maltratada por ellos durante la infancia. En el bar casi no había nadie pero tampoco era cosa de salir huyendo sin tomar nada porque estoy convencido de que eso era algo que hacían muchos clientes en potencia antes de haber cruzado del todo el umbral de la puerta y no quería ser uno más clavando puñales en el corazón de aquella mujer. Pedí un café irlandés con mucha nata y estuve un rato largo dando cuenta de ella a base de pequeñas cucharadas lacónicas, antes de empezar a beber. En la tele había un anuncio que no se acababa nunca en el que Chuck Norris intentaba vender algo para estar en forma. Me imaginé que me compraba ese artilugio y al cabo de unos meses empezaba a parecerme a Chuck Norris y me salía esa cosa debajo de la nariz. Se lo comenté a la camarera y empezó a reírse como una lunática porque probablemente nadie le contaba cosas graciosas nunca. Me asusté, pagué y me fui, pero al salir y sentir el frio del invierno andorrano caí en la cuenta de que me había dejado la chaqueta dentro. Justo antes de entrar me dio tiempo a ver a través del cristal cómo la camarera lamía lujuriosamente mi cuchara así que esperé unos segundos para no avergonzarla. Pedí una copa de orujo y mientras me daba la espalda para coger la botella imaginé su pantalón bajado hasta la mitad del culo.
Era de un pueblecito del sur de Portugal, echaba de menos a su perro, la chupaba con avaricia y meneaba el culo como una auténtica  profesional.

6 comentarios:

KENIT dijo...

Lo de la cuchara no deja de ser una cerdada… De todas formas, si te comiste el coño de la portuguesa –imagino con más pelos que el sobaco de un general-, te darías un festín. He decirte que cuando comes un coño, si cierras los ojos, lo que hay hacía arriba te importa poco. La portuguesa es muy limpia, aunque muchos digan lo contrario, y por otro lado son de las que te sueltan 138,45 ml de flujo a poco que les des bien con la lengua.Un manjar.
Saludos.

Descomposed dijo...

Bravo, me ha encantado!! Pero al final no sabemos nada de la del yogur!! Que pasó????????

Hombre Malo dijo...

¡Qué bella historia de ardor!

javiguerrero dijo...

Al día siguiente no fui a trabajar y no volví ni a cobrar la semana que me debían así que no volví a ver a la gallega del yogurt

Mariano dijo...

Esto es imaginación y no la de los políticos. ¡La imaginación al poder! Cada día me asombra más tu genialidad descriptiva. La apreciación cuantitativa de Kent, sobre los flujos vaginales, es de antología. !Bravo a los dos!.

javiguerrero dijo...

Mariano,creo que deberías visitar el blog tanto de Kenit para ver relatos y poesia diferente, el de Hombre Malo para ver unas particulares lecciones de castellano rancio elegantemente ilustradas y el de Descomposed para ver algo de sexo explícito que no grosero.
Saludos