lunes, 12 de marzo de 2012

EL QUE NO TRABAJA ES PORQUE NO QUIERE


Pues resulta que ese Domingo me desperté con una extraña sensación de compromiso social y comunión con la humanidad y me agregué a la manifestación de las 12 contra las reformas laborales que iban a afectar a todo el mundo menos a mí, que no tengo ambición ni envidia de poder y bienes porque casi siempre me las he arreglado para que mis allegados la tengan por mí. También es verdad que el precio a pagar ha sido meses de atún y pasta, vino de cartón y colillas recicladas, pero siempre con el sosiego que le da a uno disfrutar de los pequeños placeres gratuitos que la vida pone a nuestra disposición y casi nadie sabe apreciar: Las horas muertas en la sala de urgencias presenciando el pequeño teatro de la sala de urgencias, algo que practico a menudo desde que descubrí que no había que pagar por sentarte allí y nadie te preguntaba nada. Tener acceso a las miserias de la gente justo cuando se encuentran bajos de defensas es algo muy sano para la autoestima. Allí estaba aquella chica tan guapa que te miraba como a una larva en el instituto y podía comprobar que su vida era una mierda y tenía un hijo que a veces enfermaba y que la pobre vivíría constantemente bajo el estrés que produce la posibilidad de que la muerte se llevara a su hijo antes que a ella. Ja. El camarero machirulo que te miraba también como a una larva desde su lado de la barra y ahora tenía la frente contraída por el dolor  y casi lloraba apoyando su cabeza en el regazo de su novia. Al poner la oreja te enterabas de todo y resulta que solo tenía fiebre y mal enfermar. Ja.
Podría pasarme horas hablando de las salas de espera de urgencias pero hay más cosas gratuitas: En las estaciones de tren todo es menos dramático, pero las despedidas son de risa. Unos lloran y otros lo intentan para que el que se va o el que se queda no se sienta ofendido. Las chicas guapas y jóvenes que se van solas te hacen pensar en la felicidad de la adolescencia y en el rubor de sus nalgas, de tan inocentes y alegres y parlanchinas que se las ve. Pero bueno. Si sigo hablando no os podré contar lo de la manifestación. Todo el mundo gritaba consignas y coreaba la internacional en pequeños grupúsculos. Gritaban: ¡¡REFORMA LABORAL, TERRORISMO EMPRESARIAL!!, o ¡¡LA REFORMA LABORAL, PARA BANCA Y PATRONAL!!. Yo me sentí obligado a chillar alguna cosa que viera yo que venía a cuento así que me encaré con un  policía municipal que dirigía el tráfico y desviaba a los conductores a las calles adyacentes y le chillé con mirada de indignación y la vena del cuello hinchada:
- ¡¡HIJO DE PUTA, ¿ES QUE NO VES QUE TUS HIJOS PODRÍAN ESTAR AQUÍ?!!
- Joder , Mariano, tú siempre dando la nota, anda y vete a tomar unos vinos que esto no es lo tuyo- , dijo el municipal después de darme 5 euros-  El rompeolas debe ser un espectáculo ahora mismo, creo que hay unas olas de 7 metros.
Era Ernesto, que no lo había conocido por el uniforme. Siempre fue un listillo un poco sobrado pero también era generoso y tolerante e intentaba llevarse bien con gente de todos los pelajes, lo que le traía algunos disgustos cuando íbamos al instituto porque no era capaz de entender que la bondad y la filantropía no te inmunizan contra la posibilidad de que algún hijo de puta te apuñale por la espalda o te de por el culo directamente en cualquier momento de tu vida. Yo le tenía un poco de envidia por su éxito con las mujeres y le hice algunas perrerías, como meterle una bolsa de heces en la mochila o mearle la taquilla, y él, a pesar de haber descubierto finalmente al culpable, se comportó de una forma venerable como era propio de él y no me dijo nunca nada ni me hizo notar enfado. Ahora había tenido la oportunidad de resarcirse y en vez de eso me recomendaba y pagaba unos vinos y el rompeolas, ya veis, hay gente que ha nacido para llevar hostias y Ernesto parecía ser uno de ellos. Le di las gracias asegurando que estaba metido hasta las orejas en la lucha obrera aunque él no lo pudiera entender por ser un parásito al servicio de un sistema corrupto y me alejé de él asqueado y gritando una nueva consigna que no tuvo mucho éxito y me animó finalmente a seguir el consejo de Ernesto, muy a mi pesar:
- ¡¡EL QUE NO TRABAJA, ES PORQUE NO QUIERE!!, ¡¡EL QUE NO TRABAJA, ES PORQUE NO QUIERE!!  

5 comentarios:

KENIT dijo...

Me agrado leer tu entrada. Es un repasito a la vida.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Vamos a ver, hijo de Sión, menuda mierda de post. Estoy hasta los mismísimos huevos de tus marranadas. De qué vas, tío, eres un degenerado. Gilipollas de mierda. Métete una zanahoria por el culo, haber si te sale la mierda por los ojos, cabrón.
Bien: esto es un TROLL, para que te sientas importante.
JeJe, no te lo tomes en serio. Esto, sin duda, realzará tu blog, y le dará ese encanto de anarquía y pasotismo.
Tengo más modelos de Troll, ya me dirás este es Ref_troll_M34X

javiguerrero dijo...

Sí, me gustaría ver un catálago o algo. Yo quería un troll más sutil porque así tan basto van a pensar que me lo estoy haciendo yo a mí mismo haciéndome pasar por retrasado mental y tener así más fácil una contestación ágil y viperina.

Anónimo dijo...

la lucha obrera sobrevivira a pesar de los parasitos y los advenedizos, todos somos antisistema por vocacion tras despertar del letargo y darnos cuenta que la opresion capitalista es el yugo de nuestra sociedad.
juventud obrera a la lucha.

javiguerrero dijo...

Ay, Anónimo nº 2, creo que ese espíritu no es compartido por todos. En país viejo como el nuestro no tenemos nada que hacer en las urnas. El hombre que tiró la tostadora por la ventana existe y aunque nos pese tiene derecho a voto y un charco de lodo en el cerebro