lunes, 13 de febrero de 2012

UNA INFANCIA MUY, MUY FELIZ.


- Mariano, te veo triste y ausente esta tarde.
- Sí Marisa, a veces , aunque te cueste creerlo, me pongo triste y angustiado ante la inminencia de tiempos peores y la imposibilidad de disfrutar del recuerdo de tiempos mejores.
-Oh, ¿Mi cielito tuvo una infancia triste?
- No es eso, Marisa, el problema es que era una infancia y ya sabes que los niños me dan nauseas. Mientras otros recuerdan con una dulce sonrisa sus juegos infantiles yo me siento profundamente avergonzado de haberlos protagonizado. Además, mi padre era tan divertidísimo que daba nauseas y mi madre tan guapa y dulce que me tuvo enganchado a su pezón hasta los 12 años. Todos los días de mi vida intento borrar esa infancia tan infantil y llena de amor o recordar momentos desgraciados para compararlos con los buenos y ponerles una puntuación en el baremo de la felicidad, pero no puedo porque en mi casa se comían perdices todos los días de año.
Marisa no quiso tirar del hilo porque cuando me pongo así creo que le entran ganas de salir a emborracharse y se encerró en el servicio donde sospecho que tiene escondida una botella de vodka. Podía escuchar el glu-glu de su gaznate. Salí a dar una vuelta a los bares de la manzana porque cuando me pongo así a mí también me apetece emborracharme. Todo el mundo tiene algo especial que recordar con añoranza pero a mí lo que me jode es que toda mi infancia transcurrió de manera tan perfecta e infantil y con tanto amor que no puedo rescatar un momento que supere al otro y toda esa felicidad se diluye en una especie de bucle confuso sin principio ni final. Mi padre era feliz y le contaba a mi madre las cosas de su jornada de comercial de calcetines con un entusiasmo rayano al paroxismo  y me hacía envidiar no al astronauta o al bombero sino al comercial de calcetines, y mi madre compartía sus aventuras con los calcetines y casi lloraba de amor cuando le explicaba que un jilguero se había posado en la ventana y que con eso y escuchar el ruido de su llave en la cerradura tenía bastante para ser feliz dos meses. En algunos momentos me miraban y se regocijaban. Decían : "Y nuestro Mariano es tan...tan..." Y yo esperaba ansioso y pensaba "¡¡¿TAN QUÉ?!!", pero nunca terminaban la frase y muchas veces yo acababa debajo del cuerpo de mi madre con su pezón en la boca, mientras mi padre le arrancaba las bragas y la embestía violentamente por el culo. Se puede decir que era como una bola de nieve de felicidad que se iba haciendo más y más grande a medida que rodaba por la pendiente de la alegría y siempre había acontecimientos nuevos que renovaban e intensificaban la sensación de perfecto en insuperable bienestar. Todavía estaba mamando del pezón de mi madre cuando comencé a mamar también el glande de mi padre, que resultó ser mucho más entusiasta en su aportación de paternidad. Mi madre le reñía cariñosamente a veces porque no había terminado de tomar el pecho cuando ya estaba tomando la polla y ella pensaba que a lo mejor tanto peca lo mucho como lo poco y un exceso de  sensibilidad en un niño puede ser debilidad en su vida adulta y convenía dosificar los mimos.
Pero bueno, supongo que os estoy aburriendo y no quiero resultar presuntuoso porque sé que lo tuve todo (¡¡quizás demasiado y por eso soy a veces tan caprichoso!!)  y algunos no tuvisteis ni la mitad de lo que un niño se merece. Sigo mi ruta de bares, rebuscando en la memoria y tratando de encontrar un recuerdo amargo que me ayude a disfrutar más de la felicidad absoluta que siempre me acompaña y a ser más agradecido por las cartas que me han tocado en la partida impredecible de la vida y a no quejarme por las cartas malas que sin lugar a dudas empezará repartirme la vejez en este tramo que  siempre es declive.
En la imagen, página 1 de 5.

2 comentarios:

KENIT dijo...

Tu relato, me hace recordarme de cosas…
Tengo que decirte que yo he sido un mamón no tan tardío como tú. Según cuentan hubo que colocar pimentón picante en el pezón de mi madre. Tengo que decir que lo hacía de pie, a sabiendas que sólo salía una aguacilla de suero de sabor indeterminado.
Lo del glande no lo probé. No sé que complejos tengo por eso.
También he de decirte, que según el MMPI, a los mamones tardíos se nos detecta por la forma de saborear las bebidas, con ese recogimiento de labios a lo pajarito.
Has de observarlo.
Lo de no haber chupado el glande me causa extrañeza.
Excelentes dibujos y escrito.
Un saludo.

javiguerrero dijo...

Mariano me dice que te diga que quien no le ha chupado el glande a su padre siempre será un adulto incompleto, si quieres saber quienes son suelen beber cerveza sin vaso, masturban el cuello de la botella casi sin darse cuenta y al berber se lo introducen 4 centímetros adentro o incluso hasta el gaznate. Gritan a viva voz lo machos que son y las hostias que le dieron a un tipo muy alto un día que no había nadie delante para constatarlo. Saludo.