jueves, 9 de febrero de 2012

ENSEÑANDO LA PIRULA


Cuando iba a párvulos o 1º de EGB me gustaba correr detrás de las niñas y subirles las faldas para verles las bragas acompañado de otro niño que era un tipo peligroso y de pocas luces, como demostró más tarde desarrollando una corta pero intensa trayectoria profesional de yonki  y ladronzuelo. La última vez que lo vi iba comiendo un merengue por la calle y tenía la nariz embadurnada. Detrás iba su novia con otro merengue y la nariz embadurnada. Ahora sé que está muerto porque apareció así un día en un banco y salió la noticia en el periódico.
En realidad yo no tenía ningún interés en ver las bragas de las niñas ni creo que él lo tuviera, pero me gustaba verlas chillar y enfadarse. Corríamos a por una y se las levantábamos. ¡Ja! Pero un día todas las niñas de nuestro curso se chivaron a la profe, que era muy guapa, y esta nos reunió ante el grupo de niñas y nos ordenó que nos bajásemos los pantalones. El yonki no tenía vergüenza, como demostró años más tarde paseándose por ahí con merengues, poco antes de morir, y se bajó los pantalones y los calzoncillos a la vez enseñándoles la pirula a todas las niñas. Yo me puse a llorar porque sabía que tenía nicotina en los calzoncillos y no quería que la viera la profesora. Me bajé solo los pantalones y ya nunca más les subí las faldas a las niñas, pero durante todo el curso estuvimos mi compañero de aventuras y yo pinchando con el bolígrafo a las niñas del pupitre que teníamos delante y enseñándoles la pirula. Sabíamos que habían sido ellas las conspiradoras porque nos lo había dicho una niña fea que no tenía mucha personalidad y a la que nunca habíamos levantado las bragas. A veces la veo por ahí y está como un cañón de buena que está, con sus 50 años bien cumplidos, y siempre me apetece correr y levantarle las bragas pero me abstengo, unas veces porque voy con Marisa y no lo entendería y otras porque algo parecido a la sensatez, oculto en algún punto remoto de mi cerebro, me lo impide en el último momento, cuando ya casi mi mano toca el borde de su falda.

2 comentarios:

KENIT dijo...

Me agradan tus dibujos y relato.
Al respecto he de decirte, que cuando era guaje, y había fiestas como las de antes – yo no sé si conoces las fiestas de los pueblos de aquella época: tambor, acordeón y gaita-, pues bien, yo tendría unos ocho años. Los mozos me daban una peseta por cada falda que levantaba a una moza señorera. Te puedo decir que vi bragas de todo tipo (no te puedes imaginar…). Muchas veces pienso que mi afición actual a comer coños sin ninguna contemplación previa a olor o tipo de ph, me viene de eso, o que quizás al nacer, mi recorrido por la vagina fue demasiado largo.
Lo último es una teoría de Karl Theodor Jaspers y Aabye Kierkegaard, que pongo entre comillas, por sus grandes dudas. Ni se te ocurra leer a estos pirados palilleros.
Un salido.

javiguerrero dijo...

Los existencialistas tenían un curioso sentido del humor, como los ornitorrincos