martes, 6 de noviembre de 2012

Una erección en la estadística

Intento adivinar a qué se debe este pico de visitas a javiguerrero.es y ni repajolera. Para algunos será una mierda pero yo andaba entre 150 y 300 y no he cambiado nada en mi comportamiento habitual. Cago a las 10, después del cafecito, con tostadas y aceite del bueno; como suave y bebo con cautela. Si fuera conspiranoico pensaría que ya están esos hijos de puta extraterrestres vigilando de nuevo, pero eso ya me lo hicieron en el 86 cuando me abdujeron y me extrajeron los 10 litros de esperma. Y ahora el espacio sideral estará plagado de extraterrestres con orejas de trompetilla y mis cejas

jueves, 1 de noviembre de 2012

¡¡NO ME NOTO, MARISA!!




Mi Marisa insiste todos los meses por lo menos un par de veces en que es imposible que no me sienta diferente del adolescente que fui y yo le digo que no se trata de sentirme o no diferente sino  de que como adolescente no me sentía de una manera especial y tampoco ahora me noto mucho a mí mismo. Ella dice que eso es imposible porque todos pensamos al iniciar nuestro camino tortuoso en la vida adulta que somos, no ya especiales, sino prácticamente el centro del universo y que esa sensación narcisista se va disolviendo con los años, pero nunca del todo, y yo le digo que eso es imposible porque con tantos centros del universo que vienen y van el universo no sabría alrededor de quien girar y se haría la picha un lío. Este argumento suele dejarla estupefacta durante unos segundos y muchas veces se retira a deliberar meneando la cabeza o simplemente calla y se sirve un vino, turbada, probablemente, ante la posibilidad de que cuando le digo que no me noto no esté desvariando. Cuando le digo eso a veces reacciona desmesuradamente.
-¡¡¿PERO CÓMO QUE NO TE NOTAS, MARIANO, QUÉ QUIERE DECIR ESO DE QUE NO TE NOTAS?
-Ay, Marisa, por Dios, no te alteres de esa manera, que si te desequilibras tú, que eres el pilar en que se asienta mi estabilidad,  cuando me levante por las mañanas no sabré si bajar a por el pan y acabar dándoselo a los patos o tomarme medio litro de vino antes de desayunar mirando la televisión apagada.
Un día, ante una de sus histéricas reacciones, decidí explicarle un poco a mí manera el asunto.
-Cuando digo que no me noto quiero decir que no me parece que mis pensamientos provengan de ningún homúnculo que me protagoniza sino que tengo algunas sospechas que nunca le he contado a nadie, y las tengo prácticamente desde que tengo uso de razón -le dije, mirando sibilino y sospechoso hacía ambos lados para asegurarme de que nadie nos escuchaba-Verás, estoy convencido de que la gente que se nota es porque no ven las cosas como son de verdad. ¿Tú te notas, Marisa?
Asintió con la cabeza. Se notaba.
-¿Y cómo te notas?
- Desconcertada
- ¿Desconcertada?¿Todos los días y a todas horas?, ¿el desconcierto es lo que te define?
-No Mariano, me siento desconcertada en este momento hablando contigo porque no sé a dónde quieres ir a parar ni si quiero saberlo.
-Verás. Si tan diferente te sientes ahora de cuando eras una prepúber, ¿qué te hace pensar que eras tú la que se ponía caliente como una perra con su profesor de mates al que ahora ni siquiera mirarías o la que hace dos horas silbaba distraídamente o la que ahora está desconcertada? Y si dentro de un momento te da la risa y dejas de estar desconcertada, ¿con quién estaré hablando entonces, Marisa? ¿No lo entiendes, Marisa? Si ahora intentas convencerme de que no eres la misma que cuando tenías quince años he de suponer que, en menor medida, tampoco eres la misma que hace dos minutos, aunque el cambio haya sido tan sutil que ni tú ni  yo nos hayamos dado cuenta. Yo prefiero pensar que sí eres la misma, lo que pasa es que te notas demasiado. Por eso yo no me noto, porque nunca me podría fiar de quién es el que se está notando.
-¿Y lo de no notarte es tu estado natural de siempre o es quizás una decisión que tomaste en algún momento de tu vida, basándote en esa reflexión?
-¡¡SON LAS DOCE Y DIEZ, MARISA, VAMOS A VER PASAR EL TREN!!
El tren pasa siempre a esa hora y eso si que lo noto porque empiezan unos segundos antes a moverse muy levemente y de manera casi  imperceptible los cristalitos de la lámpara.
Nos asomamos a la ventana para verlo pasar.
-¡¡ADIOS, ADIOS A TODOS!!-grité, como hacía siempre, sacudiendo la mano entusiasmado. Marisa saludó también, pero con menos entusiasmo que otras veces.
-¿Sabes qué, Marisa? Tengo otra teoría. Estoy casi seguro de que nadie se nota tampoco cuando viaja en tren, y luego cuando se termina el trayecto vuelven a notarse, pero si lo prefieres te lo explico después de comer.
En la imagen, página 1 de 3 sobre la tierna adolescencia.

miércoles, 31 de octubre de 2012

sábado, 27 de octubre de 2012

¡¡QUEDO LOCO!!

QUEDO LOCO
En mi pueblo, cuando les dan una noticia sorpresa o les cuentan un chisme suculento, dicen “¡Calla ho, quedo loco! No sé si este hecho les llama a ustedes la atención especialmente pero a mí siempre me turbó sobremanera porque la cosa era que en mi pueblo no decían “flipo”(por supuesto) o “déjesme frío o acojonao” ante una noticia o chisme, que son dos estados reversibles, sino que se quedaban locos, lo que implica irreversibilidad. Así, el primer año que veraneé allí, contando 8 años de edad, fue confuso y lleno de miedos y terrores nocturnos y diurnos. Al tercer día, cuando ya había visto los cerdos, las vacas y las gallinas, me senté en un banco con dos señores de boina a los que aún no conocía y uno le dijo al otro que se había muerto Pepa de casa Rúa, a lo cual el otro respondió:
-¡¡Calla ho, quedo loco!!
Aquel señor se había quedado loco en mi presencia y a partir de entonces procuré evitarlo. Al día siguiente lo vi acercarse por el camino con su guadaña al hombro y me tiré a esconderme a los arbustos porque sabía que estaba loco. Durante el resto del verano todos fueron quedándose locos delante de mí por razones diversas (el precio de una pala, el embarazo de una soltera, la muerte de dos vacas) sin cortarse un duro y poco a poco fue disminuyendo el número de cuerdos en el pueblo hasta que ya no quedó nadie. Lo más duro fue ver como Marina la de ca´l Sastre perdía su cordura. Yo estaba siempre con ella y con una muy fea cuyo nombre he olvidado porque eran las más jóvenes (13 y 14, creo recordar) y todavía no se habían quedado locas. Marina me tenía embelesado porque era dulce y hermosa como una gominola  de fresa pero aquel día funesto, la amiga fea le comentó en mi presencia que Manolín el de Lulón ya no estaba saliendo con Aurora (que ya hacía unos días que se había quedado  loca) y entonces ella lo hizo:
-¡¡Quedo loca!!- dijo. Y amargas lágrimas recorrieron mi rostro mientras huía. Sentimientos encontrados turbaban mi corazón. El amor que ya no se haría realidad y el pavor bombeando juntos en mi corazón.
Fue así como durante ese verano y los siguientes estuve rehuyendo a todo el mundo. Les suplicaba a mis padres que no me dejaran allí y rogaba a Dios porque nunca nadie les comentara alguna cosa que les hiciera quedarse locos. A dios gracias, mis padres habían viajado por el mundo y eran más de quedarse fríos o acojonáos. Durante mis vacaciones andaba siempre solo, escondido en el bosque o en los pajares y paneras y solo trataba con mi abuelo, que era un tipo huraño y malcarado que nunca se iba a quedar loco porque nadie solía contarle nada nunca. El verano en que cumplía 14 años coincidí con un nuevo veraneante, 3 años mayor que yo y al decirle yo que debería andar con cuidado porque estaban todos locos y explicarle mis razonamientos, se rió de mí y me abrió los ojos.
-Pero no es una expresión literal, es solo una muestra de asombro que usan aquí.
Era un tipo muy raro que siempre estaba silbando o leyendo libros gordos y mi sexto sentido me decía que era también un tipo listo y en ese momento caí de la burra, pero ya era tarde porque todo el mundo sabía que aquel niño(yo) que huía y se escondía e incluso a veces les tiraba piedras y cosas desde la distancia estaba como una puta chocolatera, igual que el animal de su abuelo.
Aunque intenté a lo largo de los años pulir mi comportamiento en su presencia e incluso gritar al acercarme a un grupo “¡¡QUEDO LOCO!!” para demostrar que ya estaba integrado, ya nunca dejé de ser el loco del pueblo y a veces incluso pienso que algo de verdad hay en ello, pero mi Marisa me quita esos pensamientos negros de la cabeza asegurándome que los locos peinan bombillas y a mí nunca me ha visto hacerlo.

viernes, 26 de octubre de 2012

MARISA ESTABA MUERTA CUANDO LA CONOCÍ



Creo que ya les expliqué a ustedes que a mi Marisa la conocí en las redes sociales pero no les dije como. En mis primeros contactos con esa herramienta maravillosa de hermandad entre las personas de buena voluntad que es el feisbuk, andaba yo un poco desconcertado y sin saber qué hacer. Durante 6 meses me dediqué a dejar testimonio de mi soledad en mi  muro haciendo llamamientos desesperados a quien pudiera leerme:


Durante ese tiempo no caí en la cuenta de que no tenía amiguitos y por eso mis intentos de contactar con alguien eran infructuosos. Así que me dediqué a añadir amiguitos pero no encontraba a ningún conocido porque tengo pocos amigos o ninguno y los conocidos se limitan a venderme la fruta o el pescado o la entrada del cine, pero nunca me dicen su nombre ni me preguntan por mi salud o la de mi familia así que ¿quién era yo para invadir su intimidad solicitándoles acceso a todas esas porquerías que seguramente mostraban sin pudor en sus perfiles? De una de estas me encontré con el perfil de la frutera que es como una especie de actriz porno pero que todavía no sabe que lo es: tiene los labios así y los pezones apuntando en aquella dirección y los mofletitos y las dimensiones de todo lo demás pero no tiene la actitud porque todavía no sabe que es una actriz de películas de putas y sigue malgastando su vida repartiendo fruta y cobrando por ello. Un día vencí mi timidez ante las mujeres sobredimensionadas y le conté el chiste de los sellos aprovechando que solo había una vieja con un niño de unos 7 años que me imaginé que todavía no sabía hablar ni entendía nada de lo que yo ni nadie pudiera decir, a juzgar por el moco que asomaba de su nariz y su boca abierta. Quizás se lo solté de manera un tanto abrupta, antes de darle los buenos días.
-Hola, ¿qué le pongo?- me dijo la frutera
- ¿Sabes el chiste de la tía que cada vez que se duchaba le salían sellos del coño y fue al médico y este le dijo que no eran sellos sino etiquetas de  los plátanos?
-…-, se me quedó mirando como si mi cabeza fuera un calamar.
- ¿Te lo cuento?
-…-se me quedó mirando como si mi cabeza fuera un mejillón.
Me puse colorado, compré dos manzanas y una pera (la fruta se pudre) y me fui.
Así que me encontré con la frutera en feisbuk y le hice una solicitud de amistad que no obtuvo respuesta pero  me guardé su foto de perfil y le pedí a la hija de mi primo (que tiene 13 pero hace unas cosas acojonantes con el photoshop) que le pusiera la cabeza a unas fotos de putas del prívate que tenía de cuando era pre-puber. Eran unas putas con grandes matas de pelo en el coño que les llegaban hasta el ombligo y en casi todas tenían lecherazos en los muslos y la boca así que le dije también que si podía hacer que la cara de la frutera tuviera también semen en la boca y la barbilla y, a poder ser, algo también en la frente y las pestañas. La niña, que no era muy espabilada, le enseñó el montaje final a su padre explicándole que era un regalo para el primo Mariano y ya nunca me volvieron a hablar en la vida. En fin, que solo tenía un amigo que se llamaba señor zapato y solo colgaba cosas de zapatos y casi nunca quería escuchar mis confidencias.
Ya llevaba un par de años deambulando solitario por las redes sociales cuando me encontré un perfil muy raro, el de Marisa. En primer lugar  estaba todo en abierto y viendo sus fotos comprobé que su físico no me acojonaba pero me ponía la polla como una morcilla de burgos porque era menudita y yo ando bien servido y me imaginaba metiéndosela y reventando los huesos de sus caderitas y provocando terremotos de placer en sus vísceras. En segundo lugar se apellidaba Verdasco Parrondo y yo Parrondo Verdasco lo que me hizo pensar en que pudiera ser una prima a la que nunca conocí porque a lo mejor mataron a sus padres y se crió en un orfanato y a lo mejor hubiéramos podido compartir bañera de pequeños si la desgracia no se hubiera cebado en su familia. Y ahora viene lo más asombroso: ¡MARISA ESTABA A TODAS LUCES MUERTA!, a juzgar por los mensajes que la gente publicaba en su perfil desde hacía dos días: “Te llevaré siempre conmigo”; “Se que me cuidarás de allí arriba”; “Se me hace raro que ya no existas. Se me hace insoportable”. En fin. Era una muerta. Si no aceptaba mi solicitud de amistad no sería tan grave. La sorpresa. Aceptó mi solicitud y tardé una semana en atreverme a poner algo en su muro porque no sabía si sería correcto decirle alguna frivolidad estando tan reciente lo suyo con la muerte. Finalmente me atreví a colar algo entre los pésames y las añoranzas que poblaban su muro.


Ella me respondió.


 Le había hecho ilusión, pobrecita mía, que tanta gente la llevara en el corazón allá donde estuviera y que le atribuyeran la calidad de ángel  que brilla en forma de nueva estrella desde el firmamento.Creo que ella pensó que yo hablaba en broma y no quise sacarla de su error.
Eso. Solo quería contaros eso porque me pareció que fue algo curioso que merece ser contado. También deciros que, aunque ahora vivimos juntos, todavía disfrutamos chateando y colgando enlaces uno en el muro del otro, uno en la cocina y otro en el salón,  porque es como tener nuestra primera cita siempre presente.