miércoles, 14 de noviembre de 2012
martes, 13 de noviembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
viernes, 9 de noviembre de 2012
martes, 6 de noviembre de 2012
Una erección en la estadística
Intento adivinar a qué se debe este pico de visitas a javiguerrero.es y ni repajolera. Para algunos será una mierda pero yo andaba entre 150 y 300 y no he cambiado nada en mi comportamiento habitual. Cago a las 10, después del cafecito, con tostadas y aceite del bueno; como suave y bebo con cautela. Si fuera conspiranoico pensaría que ya están esos hijos de puta extraterrestres vigilando de nuevo, pero eso ya me lo hicieron en el 86 cuando me abdujeron y me extrajeron los 10 litros de esperma. Y ahora el espacio sideral estará plagado de extraterrestres con orejas de trompetilla y mis cejas
jueves, 1 de noviembre de 2012
¡¡NO ME NOTO, MARISA!!
Mi Marisa insiste todos los meses por lo menos un par de
veces en que es imposible que no me sienta diferente del adolescente que fui y
yo le digo que no se trata de sentirme o no diferente sino de que como adolescente no me sentía de una
manera especial y tampoco ahora me noto mucho a mí mismo. Ella dice que eso es
imposible porque todos pensamos al iniciar nuestro camino tortuoso en la vida
adulta que somos, no ya especiales, sino prácticamente el centro del universo y
que esa sensación narcisista se va disolviendo con los años, pero nunca del
todo, y yo le digo que eso es imposible porque con tantos centros del universo que
vienen y van el universo no sabría alrededor de quien girar y se haría la picha
un lío. Este argumento suele dejarla estupefacta durante unos segundos y muchas
veces se retira a deliberar meneando la cabeza o simplemente calla y se sirve
un vino, turbada, probablemente, ante la posibilidad de que cuando le digo que
no me noto no esté desvariando. Cuando le digo eso a veces reacciona
desmesuradamente.
-¡¡¿PERO CÓMO QUE NO TE NOTAS, MARIANO, QUÉ QUIERE DECIR ESO
DE QUE NO TE NOTAS?
-Ay, Marisa, por Dios, no te alteres de esa manera, que si
te desequilibras tú, que eres el pilar en que se asienta mi estabilidad, cuando me levante por las mañanas no sabré si
bajar a por el pan y acabar dándoselo a los patos o tomarme medio litro de vino
antes de desayunar mirando la televisión apagada.
Un día, ante una de sus histéricas reacciones, decidí
explicarle un poco a mí manera el asunto.
-Cuando digo que no me noto quiero decir que no me parece
que mis pensamientos provengan de ningún homúnculo que me protagoniza sino que
tengo algunas sospechas que nunca le he contado a nadie, y las tengo prácticamente
desde que tengo uso de razón -le dije, mirando sibilino y sospechoso hacía
ambos lados para asegurarme de que nadie nos escuchaba-Verás, estoy convencido
de que la gente que se nota es porque no ven las cosas como son de verdad. ¿Tú
te notas, Marisa?
Asintió con la cabeza. Se notaba.
-¿Y cómo te notas?
- Desconcertada
- ¿Desconcertada?¿Todos los días y a todas horas?, ¿el
desconcierto es lo que te define?
-No Mariano, me siento desconcertada en este momento
hablando contigo porque no sé a dónde quieres ir a parar ni si quiero saberlo.
-Verás. Si tan diferente te sientes ahora de cuando eras
una prepúber, ¿qué te hace pensar que eras tú la que se ponía caliente como una
perra con su profesor de mates al que ahora ni siquiera mirarías o la que hace dos
horas silbaba distraídamente o la que ahora está desconcertada? Y si dentro de
un momento te da la risa y dejas de estar desconcertada, ¿con quién estaré
hablando entonces, Marisa? ¿No lo entiendes, Marisa? Si ahora intentas
convencerme de que no eres la misma que cuando tenías quince años he de suponer
que, en menor medida, tampoco eres la misma que hace dos minutos, aunque el
cambio haya sido tan sutil que ni tú ni
yo nos hayamos dado cuenta. Yo prefiero pensar que sí eres la misma, lo
que pasa es que te notas demasiado. Por eso yo no me noto, porque nunca me podría
fiar de quién es el que se está notando.
-¿Y lo de no notarte es tu estado natural de siempre o es quizás
una decisión que tomaste en algún momento de tu vida, basándote en esa reflexión?
-¡¡SON LAS DOCE Y DIEZ, MARISA, VAMOS A VER PASAR EL TREN!!
El tren pasa siempre a esa hora y eso si que lo noto porque
empiezan unos segundos antes a moverse muy levemente y de manera casi imperceptible los cristalitos de la lámpara.
Nos asomamos a la ventana para verlo pasar.
-¡¡ADIOS, ADIOS A TODOS!!-grité, como hacía siempre, sacudiendo
la mano entusiasmado. Marisa saludó también, pero con menos entusiasmo que
otras veces.
-¿Sabes qué, Marisa? Tengo otra teoría. Estoy casi seguro de
que nadie se nota tampoco cuando viaja en tren, y luego cuando se termina el
trayecto vuelven a notarse, pero si lo prefieres te lo explico después de
comer.
En la imagen, página 1 de 3 sobre la tierna adolescencia.
miércoles, 31 de octubre de 2012
lunes, 29 de octubre de 2012
sábado, 27 de octubre de 2012
¡¡QUEDO LOCO!!
QUEDO LOCO
En mi pueblo, cuando les dan una noticia sorpresa o les
cuentan un chisme suculento, dicen “¡Calla ho, quedo loco! No sé si este hecho
les llama a ustedes la atención especialmente pero a mí siempre me turbó sobremanera
porque la cosa era que en mi pueblo no decían “flipo”(por supuesto) o “déjesme
frío o acojonao” ante una noticia o chisme, que son dos estados reversibles,
sino que se quedaban locos, lo que implica irreversibilidad. Así, el primer año
que veraneé allí, contando 8 años de edad, fue confuso y lleno de miedos y terrores
nocturnos y diurnos. Al tercer día, cuando ya había visto los cerdos, las vacas
y las gallinas, me senté en un banco con dos señores de boina a los que aún no
conocía y uno le dijo al otro que se había muerto Pepa de casa Rúa, a lo cual
el otro respondió:
-¡¡Calla ho, quedo loco!!
Aquel señor se había quedado loco en mi presencia y a partir
de entonces procuré evitarlo. Al día siguiente lo vi acercarse por el camino con
su guadaña al hombro y me tiré a esconderme a los arbustos porque sabía que
estaba loco. Durante el resto del verano todos fueron quedándose locos delante
de mí por razones diversas (el precio de una pala, el embarazo de una soltera,
la muerte de dos vacas) sin cortarse un duro y poco a poco fue disminuyendo el
número de cuerdos en el pueblo hasta que ya no quedó nadie. Lo más duro fue ver
como Marina la de ca´l Sastre perdía su cordura. Yo estaba siempre con ella y
con una muy fea cuyo nombre he olvidado porque eran las más jóvenes (13 y 14,
creo recordar) y todavía no se habían quedado locas. Marina me tenía embelesado
porque era dulce y hermosa como una gominola de fresa pero aquel día funesto, la amiga fea
le comentó en mi presencia que Manolín el de Lulón ya no estaba saliendo con
Aurora (que ya hacía unos días que se había quedado loca) y entonces ella lo hizo:
-¡¡Quedo loca!!- dijo. Y amargas lágrimas recorrieron mi
rostro mientras huía. Sentimientos encontrados turbaban mi corazón. El amor que
ya no se haría realidad y el pavor bombeando juntos en mi corazón.
Fue así como durante ese verano y los siguientes estuve
rehuyendo a todo el mundo. Les suplicaba a mis padres que no me dejaran allí y
rogaba a Dios porque nunca nadie les comentara alguna cosa que les hiciera
quedarse locos. A dios gracias, mis padres habían viajado por el mundo y eran más
de quedarse fríos o acojonáos. Durante mis vacaciones andaba siempre solo,
escondido en el bosque o en los pajares y paneras y solo trataba con mi abuelo,
que era un tipo huraño y malcarado que nunca se iba a quedar loco porque nadie
solía contarle nada nunca. El verano en que cumplía 14 años coincidí con un
nuevo veraneante, 3 años mayor que yo y al decirle yo que debería andar con cuidado
porque estaban todos locos y explicarle mis razonamientos, se rió de mí y me
abrió los ojos.
-Pero no es una expresión literal, es solo una muestra de
asombro que usan aquí.
Era un tipo muy raro que siempre estaba silbando o leyendo
libros gordos y mi sexto sentido me decía que era también un tipo listo y en
ese momento caí de la burra, pero ya era tarde porque todo el mundo sabía que
aquel niño(yo) que huía y se escondía e incluso a veces les tiraba piedras y
cosas desde la distancia estaba como una puta chocolatera, igual que el animal
de su abuelo.
Aunque intenté a lo largo de los años pulir mi
comportamiento en su presencia e incluso gritar al acercarme a un grupo “¡¡QUEDO
LOCO!!” para demostrar que ya estaba integrado, ya nunca dejé de ser el loco
del pueblo y a veces incluso pienso que algo de verdad hay en ello, pero mi
Marisa me quita esos pensamientos negros de la cabeza asegurándome que los
locos peinan bombillas y a mí nunca me ha visto hacerlo.
viernes, 26 de octubre de 2012
MARISA ESTABA MUERTA CUANDO LA CONOCÍ
Creo que ya les expliqué a ustedes que a mi Marisa la conocí
en las redes sociales pero no les dije como. En mis primeros contactos con esa
herramienta maravillosa de hermandad entre las personas de buena voluntad que
es el feisbuk, andaba yo un poco desconcertado y sin saber qué hacer. Durante 6
meses me dediqué a dejar testimonio de mi soledad en mi muro haciendo llamamientos desesperados a
quien pudiera leerme:
Durante ese tiempo no caí en la cuenta de que no tenía
amiguitos y por eso mis intentos de contactar con alguien eran infructuosos. Así
que me dediqué a añadir amiguitos pero no encontraba a ningún conocido porque
tengo pocos amigos o ninguno y los conocidos se limitan a venderme la fruta o
el pescado o la entrada del cine, pero nunca me dicen su nombre ni me preguntan
por mi salud o la de mi familia así que ¿quién era yo para invadir su intimidad
solicitándoles acceso a todas esas porquerías que seguramente mostraban sin
pudor en sus perfiles? De una de estas me encontré con el perfil de la frutera
que es como una especie de actriz porno pero que todavía no sabe que lo es:
tiene los labios así y los pezones apuntando en aquella dirección y los
mofletitos y las dimensiones de todo lo demás pero no tiene la actitud porque
todavía no sabe que es una actriz de películas de putas y sigue malgastando su
vida repartiendo fruta y cobrando por ello. Un día vencí mi timidez ante las
mujeres sobredimensionadas y le conté el chiste de los sellos aprovechando que
solo había una vieja con un niño de unos 7 años que me imaginé que todavía no
sabía hablar ni entendía nada de lo que yo ni nadie pudiera decir, a juzgar por
el moco que asomaba de su nariz y su boca abierta. Quizás se lo solté de manera
un tanto abrupta, antes de darle los buenos días.
-Hola, ¿qué le pongo?- me dijo la frutera
- ¿Sabes el chiste de la tía que cada vez que se duchaba le
salían sellos del coño y fue al médico y este le dijo que no eran sellos sino
etiquetas de los plátanos?
-…-, se me quedó mirando como si mi cabeza fuera un calamar.
- ¿Te lo cuento?
-…-se me quedó mirando como si mi cabeza fuera un mejillón.
Me puse colorado, compré dos manzanas y una pera (la fruta
se pudre) y me fui.
Así que me encontré con la frutera en feisbuk y le hice una
solicitud de amistad que no obtuvo respuesta pero me guardé su foto de perfil y le pedí a la
hija de mi primo (que tiene 13 pero hace unas cosas acojonantes con el
photoshop) que le pusiera la cabeza a unas fotos de putas del prívate que tenía
de cuando era pre-puber. Eran unas putas con grandes matas de pelo en el coño
que les llegaban hasta el ombligo y en casi todas tenían lecherazos en los
muslos y la boca así que le dije también que si podía hacer que la cara de la
frutera tuviera también semen en la boca y la barbilla y, a poder ser, algo también
en la frente y las pestañas. La niña, que no era muy espabilada, le enseñó el
montaje final a su padre explicándole que era un regalo para el primo Mariano y
ya nunca me volvieron a hablar en la vida. En fin, que solo tenía un amigo que se
llamaba señor zapato y solo colgaba cosas de zapatos y casi nunca quería
escuchar mis confidencias.
Ya llevaba un par de años deambulando solitario por las
redes sociales cuando me encontré un perfil muy raro, el de Marisa. En primer
lugar estaba todo en abierto y viendo
sus fotos comprobé que su físico no me acojonaba pero me ponía la polla como
una morcilla de burgos porque era menudita y yo ando bien servido y me
imaginaba metiéndosela y reventando los huesos de sus caderitas y provocando
terremotos de placer en sus vísceras. En segundo lugar se apellidaba Verdasco
Parrondo y yo Parrondo Verdasco lo que me hizo pensar en que pudiera ser una
prima a la que nunca conocí porque a lo mejor mataron a sus padres y se crió en
un orfanato y a lo mejor hubiéramos podido compartir bañera de pequeños si la
desgracia no se hubiera cebado en su familia. Y ahora viene lo más asombroso: ¡MARISA ESTABA A TODAS LUCES MUERTA!, a juzgar por los mensajes que la gente
publicaba en su perfil desde hacía dos días: “Te llevaré siempre conmigo”; “Se
que me cuidarás de allí arriba”; “Se me hace raro que ya no existas. Se me hace
insoportable”. En fin. Era una muerta. Si no aceptaba mi solicitud de amistad
no sería tan grave. La sorpresa. Aceptó mi solicitud y tardé una semana en
atreverme a poner algo en su muro porque no sabía si sería correcto decirle
alguna frivolidad estando tan reciente lo suyo con la muerte. Finalmente me
atreví a colar algo entre los pésames y las añoranzas que poblaban su muro.
Ella me respondió.
Le había hecho ilusión,
pobrecita mía, que tanta gente la llevara en el corazón allá donde estuviera y
que le atribuyeran la calidad de ángel que
brilla en forma de nueva estrella desde el firmamento.Creo que ella pensó que yo hablaba en broma y no quise sacarla de su error.
Eso. Solo quería contaros eso porque me pareció que fue algo
curioso que merece ser contado. También deciros que, aunque ahora vivimos
juntos, todavía disfrutamos chateando y colgando enlaces uno en el muro del
otro, uno en la cocina y otro en el salón, porque es como tener nuestra primera cita siempre
presente.
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