miércoles, 19 de septiembre de 2012

LOS PIES EN LA MIERDA Y LAS ARAÑAS PELUDAS




Un día conocí a la mujer de Rodrigo y estuve todo el rato pensando en arañas peludas mientras hablaba con ellos porque tenía miedo de que adivinasen lo que pensaba. En realidad solo Marisa puede adivinar lo que pienso pero lo hace todo el rato sin cortarse un pelo, sin dejarme un poco de intimidad. A veces veo una mierda desde la otra acera, en el paseo de la playa y alguien que se acerca  descalzo y, si voy solo, grito :
-¡¡CUIDADO CON LA MIERDA, POR DIOS!! –grito. Y alguna vez me llevo las manos a la cabeza al ver a la chica mirarme con la boca abierta justo en el momento en que  sus pies se hunden en el cagarro. Estoy lejos y no tengo visión telescópica,  pero la imagen de la mierda colándose entre sus deditos se queda grabada en mi retina como si la tuviera a dos palmos y es algo turbador que me acompaña durante días enteros con sus noches. Durante semanas.
Pero si me acompaña Marisa no me deja gritar porque de alguna manera advierte la alarma en mi mirada, la sigue, y adivina lo que está ocurriendo y lo que voy a hacer.
-No te pongas a chillar como un lunático, si la tiene que pisar la pisará y si no lo hace ella lo hará cualquier otro. Si quieres puedes ir por ahí corriendo con una bolsa y recogiendo todas las mierdas  o puedes quedarte toda la tarde vigilando esa para que nadie la pise pero por favor, no te pongas a chillar ahora.
- ¿No te das cuenta, Marisa, de que soy igual que el guardián entre el centeno y necesito que no ocurra nada nunca para estar tranquilo? ¿No te das cuenta de la pesadilla que es mi vida con todas esas cosas ocurriendo todo el rato? Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, Marisa, solo quiero descansar, Marisa, y no siempre puedo deshacer el mal. Esas cosas ocurren todo el rato y yo no puedo hacer nada por evitarlo. ¡¡TODO EL RATO Y EN TODAS PARTES!!
- Muy bien, cariño, acabas de mezclar  a Spiderman, Salinger y “La milla verde” en esa coctelera que tienes por cerebro.
En fin. Marisa no siempre me comprende pero siempre me presiente, lo que me ha llevado a creer que todo el mundo puede adivinarme a poco que se esfuerce y, para evitarlo, pienso intensamente en lo contrario de lo que estoy pensando o en cosas turbias que les disuadan de hurgar en mi mente.
Les estaba diciendo a ustedes que me encontré con Rodrigo y me presentó a su mujer, que era más alta y fuerte que él, y más guapa y casi seguro que con las nalgas desprovistas de pelo y los glúteos poderosos. Rodrigo es un imbécil que siempre está opinando en alto y aconsejando sobre la vida a todo el mundo, sentenciando con la mirada profunda y frunciendo el ceño al hacerlo para dar a entender que lo que te está diciendo es producto de un esfuerzo intelectual  que haría sangrar los ojos y  oídos de cualquiera de nosotros. Así que estaba pensando en el culo de la señora del imbécil de Rodrigo y tuve que hacer un esfuerzo en pensar lo contrario, en este caso en arañas peludas, porque cuando estoy delante de una mujer y pienso en alguna parte de su cuerpo se me nota mucho. Las arañas peludas andaban por todas partes. Recorrían las paredes del parvulario pero los niños no parecían alterarse. Les tiraban papelitos mojados con cerbatanas de bolígrafo bic. Era divertidísimo porque algunos niños tenían una puntería asombrosa. El profesor se unió al juego y le acertó con el borrador a una arañota gorda que tenía cara de bonachona. Se quedó en el suelo panza arriba moviendo las patazas peludas. Solté una risa demente acompañando a la de los niños, que celebraban con entusiasmo que el maestro, que era casi siempre severo y mal encarado, participara de sus juegos y se riera también.
-¡¡JA JA JA, PUTAS ARAÑAS PELUDAS!! –grité.
Caí en la cuenta de que Rodrigo y su señora habían desaparecido y solo dos señoras me miraban desde un banco del parque con ojos asombrados.

1 comentario:

Kenit Folio dijo...

Me acuerdo de los bolígrafo bic y el arroz.
Buen escrito, Javi.
EL DIBUJO, GENIAL.
Un saludo.