lunes 30 de enero de 2012

LA CAMARERA QUE SE MIRA EN EL NIQUELADO DE LA CAFETERA

Un día entré en el bar de debajo de casa, cuando vivía en el Coto, y la camarera me puso el vino frío. Luego se puso a mirarse y hacerle mohines a su reflejo en el niquelado de la cafetera y no hacía caso cuando le pedía que me pusiese el tinto del tiempo. Luego alguien llamó por teléfono y yo tenía muchas ganas de beberme el vino pero odio el vino frío. Cuando colgó no conseguí llamar su atención antes de que llegara el viajante y después , mientras servía las copas a un matrimonio que acababa de llegar, se enrolló como una persiana porque se ve que tenían familia en común o algo así y tampoco me hacía caso. Así que tiré el vaso al suelo haciendo ver que había sido sin querer. Me miró como a un delincuente y le dije que me pusiera otro, pero esta vez del tiempo. Me ofrecí a pagarle la copa y chasqueó la lengua con fastidio.  Por fin caí en la cuenta de que un día había entrado a cagar y como no tenían luz y tenía prisa , la mierda se había escurrido antes de que pudiera levantar la tapa del vater y lo había dejado todo perdido. Aquel día salí de allí furtivo y silencioso y no se me ocurrió pensar que eran las 9 de la mañana y no habría muchos  clientes más de los que sospechar.
-¡¡¿ESTÁS CABREADA PORQUE  PIENSAS QUE UN DÍA TE CAGUÉ LA TAPA DEL VATER?!!¡¡NO FUI YO!!
Los señores de la mesa y ella se volvieron y me miraron con los ojos muy abiertos. Cogí el periódico y hundí la cabeza en él, colorado como un centollo.
Soy Mariano y nunca le he contado esto a nadie.