viernes, 4 de junio de 2010

EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LOS HIJOS DE PUTA

Había una hippy que no parecía estar borracha pero era demasiado joven para ser hippy y demasiado guapa para estar chiflada. Pero sí lo era y sí lo estaba; se sentó en la única mesa de la terraza en la que un borracho interpretaba una depresión. Las depresiones hay que empezar a interpretarlas dos días antes de ir al médico a por la baja porque si no estás bien metido en el papel no hay nada que hacer o por lo menos no te sientes realizado al hacerlo. Hay muchos imbéciles que van al médico y gritan y dan puñetazos encima de la mesa haciendo amagos de llanto, como mi amigo Ramón, que siempre presume de sus actuaciones aunque yo creo que su método no tiene ningún mérito porque lo que le pasa al médico de Ramón es que le tiene miedo a Ramón como se lo tengo yo a veces cuando mira como una serpiente antes de darte un cabezazo en la boca. Sí, sí, ya sé que las serpientes no hacen eso y también sé que Ramón no me va a dar un cabezazo en la boca pese a que nunca he disimulado mi profundo desprecio a su rudimentaria escala de valores y a su constante exaltación de la lealtad. El muy imbécil sacaría su mazo medieval y mataría si se diese el caso de que cualquiera de nosotros se viera envuelto en una bronca y lo haría sin querer saber los motivos de la disputa. El caso es que siempre me echa en cara que yo soy incapaz de entrar en una reyerta para ayudar a un amigo y sin embargo he conseguido que decenas de veces él no volviera a casa con la cabeza rota gracias a mi espectacular dominio de la comunicación no verbal. Ya sabéis: el tono de voz, las cejas mansas, la sonrisa sin tensión, la mirada despreocupada y las manos en los bolsos. Eso les relaja. Son animales irracionales y siempre debes tenerlo presente. Animales irracionales y domésticos. Yo soy el hombre que susurra a los hijos de puta. Pero divago: Yo estaba sentado en la mesa con un gin tonic, poniendo la cara esa de cuando estás en el pozo profundo de la desolación. No basta con poner la cara; de hecho, nunca podrás poner la cara de verdad si no entras en el círculo vicioso de los pensamientos dramáticos. Ahora hay por ahí algunas teorías que sostienen que si falseas una sonrisa el cerebro interpreta que estás contento y te pones contento o se pone contento tu cerebro, si eso tiene algún significado para vosotros. La teoría afirma que, de la misma forma, si haces el gesto de la tristeza, utilizando los músculos implicados, tu cerebro termina por asimilar que estás triste (no tú, tu cerebro, si es que esto significa algo para vosotros). Yo creo que el gesto de la risa es lo suficientemente histriónico como para que nos demos cuenta de que estamos haciendo el payaso( nos demos cuenta nosotros, no nuestro cerebro) y es fácil que la posibilidad de decidir hacer el payaso y hacerlo nos resulte reconfortante en última instancia; mientras que el gesto de la tristeza es menos forzado y probablemente la mayoría de la gente lo realiza involuntariamente porque no es tan difícil caer en él ni tan difícil caer en la tristeza, a poco que te concentres. Así que no es el gesto el que provoca la tristeza sino lo rutinario y común de ese estado de ánimo, porque en realidad la gente está tan a desagrado cuando se encuentra sola consigo misma que sacan el móvil aterrados cada vez con más frecuencia. Así que la cara no basta. Pero por alguna razón la hippy loca se sentó en mi mesa con su cerveza y me metió la lengua en la boca y por alguna razón luego se puso en tetas en medio de la terraza (los clientes hacían como que no miraban) y después me dijo que se encontraba mal y que la acompañara al baño. Se bajó los pantalones y las bragas y se puso a llorar y yo le metí la lengua en el culo para que se pusiera contenta. Vomitó un poco cuando quise metérsela por el culo y lo dejamos así porque además tampoco tenía yo la polla consistente como para eso. Los de la terraza aplaudieron cuando nos fuimos y yo me llevé una copa que no era mía. Nos fuimos a tomar otra por ahí. Ella decía que había poco amor y no se qué hostias más. Entramos en un bar y advertí a tiempo que no tenía dinero así que fui al cajero. Al volver la chica estaba descalza y en tetas encima de una mesa y no quise entrar. Ahora tenía dinero y de repente me apeteció más ir de putas que darle por el culo a una chiflada. Mientras me alejaba recordé que no podía ir de putas porque estaba deprimido y luego, al dar la vuelta a la esquina, vi como un camarero gordo de pajarita arrastraba por el suelo agarrándola por un pie a una chica de indumentaria punk que pateaba al aire con la otra pierna y se agarraba a la puerta del bar mientras la gente se arremolinaba.
- Pero déjela hombre..,¿será posible, tan grandotote que es y metiéndose con la chiquilla?-dije, con mi sonrisa conciliadora y mi mirada santurrona.
- ¿Y a ti que te pasa?- dijo el gordo.
- Yo soy el hombre que susurra a los hijos de puta…como Robert Redford pero con hijos de puta.
La soltó gracias, nuevamente, a mi maravillosa comunicación no verbal.
Seguí mi camino, a mi espalda se escuchaban gritos y por ahí delante (no os lo vais a creer) un violín desesperado.
“Me cago en la puta, así no hay quien se deprima” , pensé
“Me van a dar el alta”
En la imagen, una historia de 4 páginas que no tiene casi nada que ver con nada, al igual que el relato.

5 comentarios:

Don_Mingo dijo...

Jar, madre mía! Qué psicólogo se está perdiendo el mundo...

Jose Miguel dijo...

Je, je, creo que esa historia me suena

javiguerrero dijo...

Sí Don mingo, y sin diván ni hostias.
Yepa Miguel, esa no me la esperaba, se va a pensar la gente que ando chupando los culos de las locas que me encuentro por la calle. Cualquier parecido con la realidad....y tal...;)

Mariano dijo...

Me gustan tus relatos y tal como los leo estoy esperando el final siempre sorprendente, como en las películas de suspense. No sé si el mundo se pierde un psicólogo al uso; creo que no, ( no te imagino poniendo cara de atención al oír las historias de la gente, lo tuyo es mas dinámico), tu psicología es muy superior y en situaciones como las que describes intuyo que te desenvuelves con soltura y no necesitas recurrir a los manporros o a quitarte de enmedio, además, seguro que a la vez te descojonas de los "hijos de puta". Hay que mantener los amigos "fieles", aunque a veces te metan en algún compromiso. Un saludo.

javiguerrero dijo...

Mariano,a lo peor la lealtad es una de las virtudes capitales.