jueves, 21 de junio de 2012

UNA ENORME TARTA DE QUESO


A mi Marisa le da a veces por hacerme preguntas que sabe que me alteran y confunden y yo creo que lo hace solo por humillarme, a modo de venganza por tener que soportar mi marianismo y hacerlo además con tan buena voluntad. El otro día me preguntó que si consideraba que a mí me había tocado la porción de felicidad que me correspondía, de repartirse esta  entre todos los seres humanos. ¿Cómo se puede ser tan hija de puta?¿Qué clase de pregunta es esa que uno no puede visualizar con claridad?
- ¿Qué clase de pregunta es esa, Marisa? No la consigo visualizar con claridad.
- Vale, piensa que la felicidad es una gran tarta a repartir entre todos y dime si el tamaño de la porción que te ha tocado es pequeño o grande en comparación con la que les ha tocado a otros.
- ¡¡¿A QUIÉN, MARISA, A QUÉ OTROS, POR EL AMOR DE DIOS?,¿ES QUE QUIERES VOLVERME LOCO EN DOMINGO Y CON ESTE SOLECITO?¿CÓMO QUIERES QUE SEPA EL TAMAÑO DE LAS PORCIONES DE PASTEL QUE LES HA TOCADO A LOS DEMÁS SI NI SIQUIERA SÉ COMO ES EL TAMAÑO DE MI PORCIÓN?!!
-...
-Además, Marisa -me tranquilicé -tampoco me has dicho si se trata de una tarta de chocolate o una de queso con su mermelada encima, porque estarás de acuerdo en que a todos no nos gustan las mismas tartas. Yo prefiero mil veces un trocito pequeño de la de queso con su mermelada de frambuesa por encima que diez tartas enteras de chocolate pero, ya puestos a visualizar, casi preferiría que el reparto se hiciese de porciones de queso de bola, aunque bien es verdad que mucha gente preferiría un manchego curado.
- Mariano, por favor, ¿te importaría hacer un ejercicio de abstracción e imaginarte por un momento que a todo el mundo le gusta la tarta de queso, por ejemplo, y en si el reparto se ha hecho de manera equitativa?
Estuve un rato largo, muy largo, concentrado en la imagen de la gran tarta de queso y aquellas bocas de desconocidos devorando sin parar, con las comisuras de sus labios llenas de frambuesa. Con frambuesa y queso en las orejas y en la nariz. Niños, viejos, viejas, mujeres desnudas que se tocaban y comían, indios de la india comiendo sus porciones acostados sobre sus camas de pinchos y bomberos que se metían al coleto un trozo de tarta del tamaño de un puño porque había un incendio y tenían prisa pero no querían apagarlo con el estómago vacío. Un enfermo terminal agonizando en el hospital que no podía con su porción, que era enorme pero permanecía intacta en la mesita junto a una botella de zumo y una radio pequeña que zumbaba porque probablemente se le habían acabado las pilas.
- No entiendo, Marisa ¿De dónde ha salido tanto queso?,¿de dónde tantas vacas y quién las ha ordeñado y quién le ha pedido a nadie que haga tanta cantidad de tarta de queso? Has conseguido que se me revuelva el estómago y la cabeza, Marisa, si no te importa, me voy a abrir una botella de vino y por favor no me pidas que piense mientras lo bebo en el vino que le ha tocado a los demás en suerte. Yo tengo el que necesito. 
Mi Marisa se reía. Creo que se estaba riendo desde el principio.

1 comentario:

Kenit Folio dijo...

Casi no salgo de los de los zapatos.
Pero me gustó mucho lo del queso.
Un saludo, Javi.