viernes, 13 de mayo de 2011

LAS 4


-¿Y vienes mucho por aquí?- Ni me miró
-No hay mucha marcha en este sitio, no es guay-, insistí
Sí, estaba resucitando mi jerga juvenil para comenzar mis vacaciones sin Marisa.
- A mi me mola más la zona del puerto ¿ y a ti?
Nada
-¿Por qué no nos vamos de aquí y nos enrollamos por ahí a quemar la noche?
Lo de quemar la noche no recuerdo en que película lo vi.
- Pues porque son las cuatro de la tarde, llevas  chándal y zapatillas, vas borracho y estás en la charcutería.
Bah, no lo recuerdo bien, puede que ni siquiera estuviera buena; puede que ni siquiera fuera joven. Mi Marisa es una fuente inagotable de equilibrio y sin ella estaba más perdido que nunca.
En la imágen, página 1 de 3.

sábado, 7 de mayo de 2011

CEPILLO DE DIENTES


Vale, sí, Marisa hizo las maletas y se fue, pero teniendo en cuenta que la casa es de su propiedad, así como todos los muebles y enseres que contiene incluido el cepillo de dientes que me compró para que usara cepillo de dientes, supuse que solo me quería dar un escarmiento y me lo tomé como unas pequeñas vacaciones en solitario.
A lo mejor estáis pensando en el cepillo de dientes y os turba la idea de que yo no tuviera uno antes de conocer a Marisa. El cepillo de dientes es una idea chiripitifláutica que surgió de la cabeza de un emperador chino con delirios de grandeza, allá por el año 1498 D.C.. Fijaros lo que hizo el tarado: Le puso cerdas de puerco a un mango de hueso y luego se metió esa porquería en la boca. ¿Qué queréis que os diga? ¿Os meteríais los pelos de un cerdo en la boca para limpiaros los dientes? En fin, me parece ridículo. Recuerdo que una vez vi a Michelle Pfeiffer, a la que adoraba, cepillarse los dientes durante cosa de 5 minutos al final de una película que rodó con Al Pacino, y parecía una retrasada mental; desde entonces, cada vez que veo a la Pfeiffer, se filtra en mi cabeza la imagen de su cara asubnormalada con un cepillo de dientes colgando de la boca y siento un profundo asco a la par que cierta añoranza por los buenos tiempos en que me masturbaba pensando en ella, cuando el mito todavía no había caído en desgracia aseándose la boca delante de toda la humanidad. Cuando mi Marisa me dio el cepillo no supe cómo reaccionar. Era un cepillo azul con una banda naranja muy bonito y tuve que usarlo alguna vez cuando ella me vigilaba.
Ahora ya no hacía falta porque se había ido para darme un escarmiento. Hacer las cosas de casa y sobrevivir sin morirme de inanición y cubierto de basura ya era un problema cuando no era hemipléjico y aún no conocía a Marisa, pero ahora me sentía incapaz de poner la lavadora o quitarle los envoltorios a los quesitos, y no porque lo fuera sino porque me resultaba inquietante ver moverse a esa mano que se había escindido de mi cabeza durante unos meses y realizar trabajos torpemente bajo mi supervisión. Era una mano intrusa que se reía de mí y a veces actuaba de manera independiente. ¿No os lo creéis? Pues dejad que os cuente: Al día siguiente de irse Marisa para darme un escarmiento entraron en el autobús 10 o 12 alocadas jovencitas de entre 15 y 30 años con sus risas tontas y sus culos ruborizados y me arrinconaron en el descansillo de atrás ¿Sabéis lo que hizo mi mano tonta? Pues sí , se dejó caer muerta en rotación externa con la palma hacía fuera y anduvo palpando por su cuenta algunos muslos aterciopelados, aprovechando los frenazos del conductor. Pero la cosa no se quedó ahí ¿Sabéis lo que hizo el brazo cuando una de las chicas se sintió manoseada y me miro como a un pedazo de mierda? Se encogió en un ángulo recto apelmazado pegándose a mi pecho en rotación interna con los dedos apelmazados y espásticos como si llevaran toda la vida sin moverse, en la actitud más cobarde y rastrera que jamás se le haya visto a brazo alguno. Yo me puse colorado como un centollo y jugueteé con el dedo índice de la otra mano haciendo dibujitos en la ventanilla empañada, deseando que Marisa estuviera allí para reírse de mí.

La noche del cazador.

Tenía que elegir una escena y me quedo con esta.
La noche del cazador dirigida por Charles Laughton y protagonizada por Robert Mitchum, Billy Chapin, Sally Ann Bruce, Shelley Winters, Lillian Gish, ...1955

lunes, 2 de mayo de 2011

EL EMMENTAL


No me lo podía creer. Mi Marisa estaba sentada en el sofa con una cuña de queso emmental del tamaño de una sandía a la que arrancaba enormes trozos directamente con los pequeños dientecitos de su boca.
-¡¡MARISA POR EL AMOR DE DIOS, SI NO HACE NI 4 HORAS QUE COMIMOS EN CASA DE MI MADRE!!
Marisa no decía nada, solo me miraba desde el queso como si temiera que se lo arrebatara.
-¡¡POR DIOS MARISA, ES COMO SI ESCUPIERAS SOBRE EL PLATO DE COMIDA QUE MI MADRE NOS PUSO EN LA MESA!! ¡¡ES COMO SI ESCUPIERAS SOBRE MI MADRE!!¡¡EMMENTAL, JODER!!
-Cariño, el pulpo amariscado estaba delicioso y la tarta de queso  de postre también. ¿Pero insinúas que después de comer en casa de tu madre debo permanecer en ayunas durante una semana, de puro agradecimiento?
-No joder, sin comer no, pero¡¡UNA CUÑA DE QUESO EMMENTAL!! ¡¡¿QUIERES QUE SAQUE EL CHORIZO REVILLA Y TE LO COMES TAMBIÉN?!!
Marisa no decía nada. Solo me miraba con los ojos muy abiertos mientras masticaba ese queso odioso de 7 euros el kilo.
-¡¡ESTÁS INSULTANDO LA MEMORIA DE MI MADRE!!
- Hace 4 horas estaba viva.
Marisa no quería entenderlo. Otra vez no quería entender las cosas como son.
- ¿Sabes lo que pareces? Yo te diré lo que pareces, pareces una mujer que dirige con su marido un asilo de Ancianos y come cuñas de queso Emmental para despreciar los convites de su suegra.
- No empieces otra vez con lo del asilo, por el amor de Dios, yo solo quiero comerme este queso y ver el documental de los chipirones tranquila.
El documental de los chipirones. Ahora eso. No consigo recordar si antes de casarse conmigo ya se interesaba por esas cosas o si era yo el que lo hacía. Pero detesto el queso emmental y estaréis de acuerdo conmigo en que comerlo el mismo día que un plato de pulpo con Marisco es como mezclar gaseosa con vino de redecilla y corcho. Y sí, eso no hacía más que acrecentar mis sospechas de que teníamos aspecto de propietarios negligentes de un geriátrico o de que acabaríamos siéndolo en breve. Todos nuestros clientes comerían cuñas de queso Emmental y chorizo revilla y rodearían nuestras vidas con sus cuerpos macilentos y sus alientos de cloaca.
- Marisa, por favor, no me gustan los viejos, pero no pienso darles queso emmental y ponerles documentales sobre chipirones.
Marisa estaba haciendo las maletas.
- Marisa ¿Qué haces , cariño?
- Lo de los chipirones era una broma tontorrón. ¿Qué significa lo del geriatrico?
-Ya lo sabes
-No cielito, no lo sé, y cuando tú tampoco lo sepas me llamas.
Me quedé un ratito pensando en el queso, un ratito pensando en el pulpo.
-Marisa, puedes comer todo el queso que quieras, incluso la corteza si te apetece, pero no hace falta que te vayas.
-Adios.
- Si te vas me mato y después te mato a ti
- En el cajón de arriba, en el armario de la cocina, tienes tres cuchillos cebolleros.
Y se fue, la hija de puta. ¿Con quién iba a regentar yo ahora mi asilo de ancianos?
En la imagen, una de 2 páginas.